Viejos brebajes en envases nuevos… a título de “alternativa al capitalismo”

Por Walter Reynaga Vásquez…

Thomas Piketty ataca de nuevo  Sobre «Capital e ideología»

Esa es la impresión que deja el autor de “Piketty ataca de nuevo”, al exponer ideas de este mediático economista francés anunciando con entusiasmo una alternativa al odiado capitalismo. Lo que no sería poca cosa. Porque si algo no tiene, si algo falta y pesa su ausencia en el movimiento populista de izquierda es la carencia de una propuesta alternativa al capitalismo, ya desahuciado el modo socialista inaugurado por la URSS, cuyo fracaso no tiene excepción en el mundo, en los países donde se ha impuesto. Los populistas no quieren capitalismo. Entonces, ¿qué quieren? Nadie lo sabe. Pero según el articulista, Eduardo Fabbro, ahora si lo saben, o lo sabe Piketty.

Según este Fabbro, el economista francés habría señalado ya la ruta de construcción de la tal alternativa en su libro, “Capital e ideología”.

<<El catedrático y economista francés adelanta un flujo de ideas o pistas que incluyen «la propiedad social» y la «cogestión de las empresas» (los empleados tendrían el 50% en el seno de los consejos de administración), «la propiedad temporal» (impuesto progresivo aplicado al patrimonio), «la herencia para todos» (contar a los 25 años con un capital universal), «justicia educativa» (equilibrio de los gastos en educación en beneficio de las zonas desfavorecidas), «impuesto al carbono individual» (gravamen ecológico basado en el consumo propio), «financiación de la vida política» (los ciudadanos recibirían del Estado bonos para la «igualdad democrática» que luego entregarían al partido de su preferencia), «inserción de objetivos fiscales y ecológicos obligatorios en los acuerdos comerciales y los tratados internacionales», «creación de un catastro financiero internacional» (para que las administraciones sepan quién detenta qué).>> (Fabbro, Eduardo: “Piketty ataca de nuevo”, Nueva Sociedad, Sept. 2019).

1.

Proponen, “propiedad social”. Pero de esto se viene hablando desde los primeros atisbos de las ideas socialistas. Ideas cuya práctica no ha conducido a otra cosa que a frustración. Lejos, muy lejos de la formidables expectativas generadas. Sea dentro de los estados socialistas, como al margen del estado. Tal como la empresa cooperativa, que luego de más de siglo y medio de afanes sólo puede mostrar resultados esmirriados y por vía de excepción además de la distorsión de sus principios. Tal como ocurre aquí, en Bolivia, con las cooperativas mineras. Y, bien vale recordar los pobres frutos y problemas generados en las empresas de propiedad social yugoeslavas creadas bajo el patrocinio del gobierno del mariscal Tito. Como las fracasadas empresas similares creadas en el Perú por el gobierno del general Velasco Alvarado. Etc. En fin, como se ve, nada nuevo.

“Cogestión de las empresas”. En Bolivia tenemos amplia experiencia de la cogestión obrera, desde los tiempos de la Revolución Nacional (1952), aplicada en la principal empresa estatal del país la Comibol. Cogestión cuyos frutos se dieron principalmente en la organización de la participación de las élites sindicales obreras en la depredación de la empresa por vía de la corrupción, junto a sus administradores. Y no fue ni es Comibol una excepción. No entre las empresas estatales bolivianas.

“Propiedad temporal”, tesis que entendemos como propiedad de los medios de producción con fecha de caducidad. Si esto es así, se ve como algo nuevo, y cae perfectamente bajo el enfoque ideológico socialista. El que combinado con “la herencia para todos” configura una evidente intencionalidad depredadora de la propiedad privada. Bajo estas pautas hechas ley, ¿quién será tan bruto o ingenuo como para romperse el lomo sabiendo que lo que labre con su esfuerzo lo habrá de perder inexorablemente a beneficio de no se sabe quién? Pocos o nadie caerá en tal desatino. Todos los demás nos sentaremos con una cerveza en la mano a esperar que los tontos trabajen para nosotros. Lo que da evidencia de que Piketty, citado por este articulista, poco se ha ocupado de hacer crítica de sus tesis revelando a la vez una escasa consideración sobre la naturaleza de la humanidad y su sociedad.

Por lo demás se trata de planteamientos de menor impacto aunque en la misma línea. Excepto lo siguiente:

<<financiación de la vida política” (los ciudadanos recibirían del Estado bonos para la “igualdad democrática” que luego entregarían al partido de su preferencia)>>. (Idem).

Una idea interesante a diferencia de prácticas habituales, como en Bolivia al presente, de financiamiento en cuantía diferente a los partidos según la cantidad de votos logrados en elecciones previas. Lo que permitiría reajustar el apoyo financiero a la actualidad de las nuevas elecciones. Y lo mejor, que no engrana con afanes de continuismo en el poder de los malos gobernantes, los que ante las nuevas elecciones habrían perdido ya apoyo popular.

2.

Y curándose en salud, Eduardo Febbro, se acurruca bajo su escudo y anuncia:

<<Críticos habrá muchos, tanto del campo de la izquierda como del liberal. Los primeros impugnarán Capital et idéologie porque su propuesta no es una revolución, los segundos lo destruirán porque sus 1.200 páginas son un alegato inobjetable sobre los mecanismos que edificaron la depredación de las sociedades humanas.>> (Idem)

Con lo que afirma que el liberalismo es un instrumento de “depredación de las sociedades humanas”. Afirmación de la que no da argumento alguno. Aunque se puede sospechar de la presencia de las viejas argucias de Karl Marx asentadas en su insostenible “teoría del valor trabajo”, fundamento de la idea de explotación de los obreros por parte del burgués, el dueño de los medios de producción.

Febbro no oculta su militancia marxista ni posmodernista. Lo revela al hablar de “retóricas” y “relatos” dominantes. Exponiendo así su menosprecio por la realidad, su naturaleza y la objetividad. Es decir, su desprecio por el saber científico. Lo cierto es que este articulista de Nueva Sociedad arma una exposición llena de las típicas consignas de odio al capitalismo, la propiedad privada y la libertad engranada con la esperanza puesta en las pobres tesis de Piketty. Perdiendo así de vista la gravitación de la tesis marxista referida al “modo de producción” como factor determinante de la realidad social, limitando el asunto a lo ideológico, en la clara perspectiva voluntarista de la demagogia neomarxista.

<<La ideología «propietarista» preside en este momento de nuestra historia todas las retóricas dominantes, con la consiguiente sensación de asfixia globalizada, la casi certeza de que, sin este modelo desigual, no existe vida humana posible. A su manera voluminosa, exhaustiva y original, el ensayo del economista francés abre horizontes, respira y prueba que no existe un solo relato, sino que, mirando con prolijidad, hay otros, que lo que nos presentan como más moderno no es más que una línea narrativa tan viciada como anclada en el pasado.>> (Idem).

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