Un Karl Marx que se contradice y confunde…

Por Walter Reynaga V…

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1.

En la faceta ampliamente difundida del pensamiento de Karl Marx, la de la ideología antiempresarial como favorable a la clase obrera –la misma que implica la irreductible contradicción dialéctica entre obreros y capitalistas, la contraposición que tendría que derivar inevitablemente en la revolución anticapitalista–, este sostiene:

<<Con la gravitación del precio de mercado hacia el precio natural es así el obrero el que más pierde y el que necesariamente pierde. Y justamente la capacidad del capitalista para dar a su capital otra dilección es la que, o priva del pan al obrero, limitado a una rama determinada de trabajo, o le obliga a someterse a todas las exigencias de ese capitalista.

(…)

El obrero no tiene necesariamente que ganar con la ganancia del capitalista, pero necesariamente pierde con él. Así el obrero no gana cuando el capitalista mantiene el precio del mercado por encima del natural por obra de secretos industriales o comerciales, del monopolio o del favorable emplazamiento de su terreno.>> (Karl Marx: “Manuscritos económico  y filosóficos de 1844. Salario”).

Texto que da cuenta y fundamento de la lucha de clases (“motor de la historia”) entre empresarios y trabajadores. Contraposición insostenible, según dice, por lo injusto e irracional de sus resultados (acumulando riqueza por un lado y pobreza por el otro). La misma que no tendría otra salida que la superación revolucionaria del “modo de producción burgués” y la consiguiente instauración del socialismo.

Hasta ahí la posición es clara:

<<Marx afirma que mientras el trabajo produce maravillas para los ricos, en el trabajador no produce más que privaciones; chozas, deformidades, estupidez, cretinismo. Así, la enajenación del trabajo consiste en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser.>> (Eduardo Schele Stoller: “Marx y la enajenación del trabajo”, 07-10-19).  

2.

Pero, ocurre que ya en 1849, sólo cinco años después, el mismo Karl Marx sostiene todo lo contrario. Esto es, que capitalistas y trabajadores coinciden en sus intereses, dándole funcionalidad al sistema burgués. Cualidad de la que la práctica histórica da evidencia real. Tal como se ve en la supervivencia del capitalismo y su actual proyección al futuro,  mientras el socialismo extingue sus últimas manifestaciones en un escenario de penosa degeneración (Corea del Norte, Cuba, Venezuela…):

<<El interés del capitalista y del obrero es, por consiguiente, el mismo, afirman los burgueses y sus economistas. En efecto, el obrero perece si el capital no le da empleo. El capital perece si no explota la fuerza de trabajo, y, para explotarla, tiene que comprarla. Cuanto más velozmente crece el capital destinado a la producción, el capital productivo, y, por consiguiente, cuanto más próspera es la industria, cuanto más se enriquece la burguesía, cuanto mejor marchan los negocios, más obreros necesita el capitalista y más caro se vende el obrero.

Por consiguiente, la condición imprescindible para que la situación del obrero sea tolerable es que crezca con la mayor rapidez posible el capital productivo.>> (Karl Marx: “Trabajo asalariado y capital“, 1849).

De donde claramente se entiende que obreros y capitalistas van en el mismo barco. Que su suerte está entrelazada, que unos dependen de los otros y viceversa, y en similar proyección. Lo que explica la postergación indefinida de la revolución anticapitalista en los países más emblemáticos del sistema, a despecho de los vaticinios del mismo Marx, sobre la inminente caída de la economía de mercado.

Esta idea de confluencia de intereses entre trabajadores y empresarios capitalistas es una de las dos que merecen ser rescatadas del pensamiento de este filósofo economista. La otra, la del “modo de producción”. Pues, dan pauta de percepciones efectivas de la realidad de la economía moderna de mercado y empresa privada. Ciertamente un saber incómodo para nuestros ideólogos marxistas y neomarxistas. Algo que han preferido ignorar consciente o inconscientemente.

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