Un indicador más de la irracionalidad de la economía socialista, la de la economía en manos del poder político y sus burócratas

Ocurría ya en la patria paradigma del socialismo: la URSS y fue una de las causas de la degradación de su sistema económico. La Perestroika de Gorbachev pretendió dar respuesta a este mal y fracasó, llevando al despeñadero al estado soviético.

Pero, ¿por qué en los países de economía socialista cunde la corrupción, la estafa, los pequeños latrocinios arrastrando a esa conducta delictuosa a no pocos ciudadanos?

La respuesta está a la vista para quienes no han obnubilado e intoxicado sus mentes con las consignas socialistas. Es que la economía en manos del estado difumina los derechos de propiedad, no sólo la de los medios de producción, sino también los de la propiedad personal.

Lo que es del estado es de todos y es de nadie. Y entonces, responsabilidad de todos y responsabilidad de nadie. El escenario estructural propicio para que el afán por mejorar el ingreso familiar en un ambiente de carencia sin fin, encuentre oportunidades de realización, dando lugar a la corrupción en la administración pública y las empresas del estado así como a la estafa y la trampa como recursos de los de a pie para procurarse algo más de lo que el gobierno les hace llegar sea como salario o alimento en calidad de dádiva, siempre escaso y mísero.

Si bien es cierto que estafa, trampa y corrupción no son cosa desconocida en los países de economía capitalista, no tienen la magnitud que se da bajo el socialismo, al punto de haberse puesto entre los factores determinantes de su final desastroso. En las economías de mercado y propiedad privada las responsabilidades por la suerte de los bienes están claramente definidas, al estar en manos de sus dueños particulares. Estos, muy difícilmente consentirán, como suele pasar con los burócratas, que alguien les robe o estafe, y por el contrario estarán vigilantes ante estos riesgos contra su patrimonio, desalentando así a los potenciales tramposos, estafadores y corruptos. Propiciando así una cultura distinta, más respetuosa con el patrimonio ajeno.

 

 

“El ‘arte’ de estafar en Cuba”

“Esto no es asaltar a nadie ni matar, es vivir del bobo. Todo el mundo lo hace”

(Extractado de: Cubanet-Ernesto Pérez Chang)

<< Una dinámica cotidiana

Aunque la estafa es un delito universal, sabemos que adquiere diversas formas de acuerdo con el contexto socioeconómico y que quienes la practican, en ocasiones se aprovechan no solo de la ingenuidad de las personas –más que del desconocimiento de la realidad donde interactúan–, sino, además, de la fragilidad del sistema legal y la incapacidad de las instituciones para rellenar esas grietas donde se instalan y reproducen los malhechores.

En Cuba estafar y ser estafado se ha convertido en una dinámica cotidiana en la medida que se agudiza la crisis económica, se resquebraja el control por parte de las instituciones estatales y el ciudadano es arrojado a una encrucijada de sobrevivencia o muerte, no importa si física o social.

El fenómeno ha alcanzado niveles preocupantes en tanto para una buena parte de la población algunas formas de la estafa no son consideradas como tal, sino más bien como estrategias circunstanciales para ganarse el sustento e incluso como actitudes “chistosas” a las que todos estamos expuestos.

El malo a la tienda, el bueno al mercado negro

Eduardo, que no es su nombre real, trabaja en un almacén de productos averiados perteneciente a una conocida red de tiendas estatales. Desde hace varios años, según él mismo afirma, su negocio consiste en trocar como nuevos, en el mercado regular, aquellos electrodomésticos que son descartados por problemas técnicos.

Entre él y el mecánico de la empresa, se dedican a reparar los equipos para más tarde intercambiarlos por aquellos otros en buen estado técnico, que finalmente terminan por ser vendidos en el mercado negro.

“Yo vendo los buenos, y en la tienda venden el reparado, como si fuera nuevo”, dice Eduardo entre risas: “Así que no te fíes de comprar en la tienda, ni en la garantía ni nada de eso, a no ser que abran la caja delante de ti, pero si das media vuelta nada más, ahí mismo te van a dar el golpe. Es comprar y llevártelo (…). Conmigo puedes estar seguro de que es nuevo nuevo, con garantía y todo”, asegura Eduardo.

[…]

“En el turismo, por ejemplo, se ha visto que se alteran las cuentas en los hoteles, que se extrae más dinero del debido de las tarjetas de crédito (…) No, no siempre tiene que existir un acuerdo entre el informático y el carpetero, por ejemplo, depende del nivel de independencia que tenga el sistema que usen, pero un informático puede sin ningún problema desviar pequeñas sumas, casi indetectables, hacia una cuenta en el exterior. No pasa nada, sobre todo en temporada alta. (…) Un dólar que le quites a este y otro a aquel, nadie se da cuenta. (…) Está el caso de hace ya algunos años de un carpeta del (hotel) Habana Libre, lo que sacaba eran centavos de las tarjetas, y así estuvo años en eso. (…) Lo cogieron porque eran otros tiempos, ahora hay formas de hacerlo sin que nadie sospeche, te lo digo yo”, asegura Kevin.

Al no existir una política de trasparencia por parte del gobierno ni una ley de acceso a la información que permita al ciudadano conocer el estado real de la situación, se torna muy difícil asegurar, sin el amparado en datos policiales y judiciales, si en los últimos tiempos ha existido en la isla un incremento de los casos de estafa, no obstante, una mirada rápida al entorno permitirá percatarnos de cuán alarmante es la situación y, lo que es peor aún, cuán adaptados estamos los cubanos a ella.

La cartomántica que, sin habilidades, consulta en medio de un parque; el prestamista que nos enreda en una deuda interminable, el fabricante de habanos falsos, el contrabandista que nos da gato por liebre, el abogado de vivienda que nos tiende una trampa, el reparador de celulares que nos infecta el móvil con aplicaciones “raras”, así hasta llegara el sistema político-económico que fabrica dos realidades muy diferentes en base a dos monedas que pretende equiparar al dólar.

Desde aquellos que con unas chapas y una esfera de papel hacen juegos de azar en cualquier esquina, en un bar de mala muerte o en el transporte público, solo para atrapar al incauto, hasta aquellos otros que se inventan un personaje o hasta se escudan en su condición de funcionarios públicos para obtener beneficios extras, todos son expresión de una crisis que se agrava cada día, más en un entorno como el cubano donde mercado negro, instituciones estatales, funcionarios y estafadores van de la mano, dependiendo unos de los otros.>>