¡Se viene la moda liberal! Y los políticos se apresuran a cambiar de etiqueta, de izquierdistas, marxistas, socialistas y hasta indianistas a liberales y libertarios. ¡Qué tal!

Pero, en muchos de los casos sólo de pose y por simple oportunismo, sin idea alguna de lo que significa ser liberal y menos aún de seguir los lineamientos de esta ideología política en el gobierno. Lo que se advierte claramente en la ausencia de planteamientos verazmente liberales en sus propuestas programáticas o simplemente en la ausencia de programas de gobierno.

Efecto no deseado del fracaso estrepitoso de las políticas socialistas en América Latina patentizadas en los últimos años en la tragedia que vive el pueblo venezolano en manos del renovado socialismo llamado del “siglo XXI”. Y, la evidencia de la inutilidad de este modelo en la vecina Cuba luego de casi seis décadas de socialismo practicado al placer de sus líderes e ideólogos.

América Latina arrastra la tradición asentada en los tiempos del saqueo colonial, consistente en asumir el poder político como algo puesto para la gloria y el enriquecimiento de la autoridad. Y esta tradición hecha cultura ha persistido a pesar de la independencia y las repúblicas luego constituidas. Una forma de entender y practicar la política que se ha visto reforzada por el socialismo, al promover la estatización total o parcial de la economía, ampliando así la magnitud del potencial botín de la corrupción de los gobernantes. Afanes perversos  de caudillos de las más diversas banderas ideológicas, cuya cínica prosperidad financiera en los últimos años no termina de asombrar al público.

Es bajo estas pautas que las declaraciones de gente como el socialista AMLO (México):

“En días recientes AMLO se autonombró como un “liberal con condición social” mientras afirmaba que no confiscaría ni expropiaría bienes una vez que se hiciera del poder.” (Rafael Ruiz Velasco: “La descarada mentira de AMLO al llamarse liberal”, 2018).

Actitudes que deben llamar a cuidado a la población, porque no pasan de ser poses oportunistas destinadas a confundir a los votantes, hacerse del poder y poner en acción sus viejas simpatías totalitarias.

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Un problema con el que también se verá el pueblo boliviano, con ideólogos y candidatos de tradición izquierdista poniéndose a la moda con rótulos liberales. No perdamos de vista que el marxismo, en ese mismo afán, pasó de  proclamar la dictadura del proletariado a acomodarse tomando el rótulo “democrático”, y que en esa misma actitud taimada hoy bien puede llamarse liberal.

Una conducta travesti sobre la que existe tradición e Bolivia, recuerden cómo hasta el dictador militar Hugo Banzer declaraba ante cámaras de Canal Siete Televisión Boliviana, que también él era marxista (1978). Y hoy que el socialismo está en camino de convertirse en una mala palabra (como antes sucedía con las palabras capitalismo, empresa privada, mercado, liberalismo…) nuestros ágiles líderes de siempre vienen asumiendo poses liberales con la esperanza de seguir labrando buena imagen ante el público.

Pero el país está advertido. Hoy la gente no se contentará con meras frases y poses ideológicas. Hoy el pueblo boliviano exige nuevas ideas, planteamientos programáticos serios, concretos y factibles, sostenidos por criterios teóricos renovados.

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