¿Qué hacer con la Policía? ¿Ponerle controles externos civiles? ¿Someterlos al detector de mentiras? ¿Invocar la oculta vocación de honestidad de sus jefes? ¿Prohibirle a Evo Morales meter las manos…?

Por Walter Reynaga Vásquez…

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Abecor

El país está presenciando con estupor la serie de denuncias e investigaciones que se han desatado en torno a hechos que involucran a jefes policiales con narcotraficantes conocidos.

<<El coronel Gonzalo Medina, exdirector de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de Santa Cruz y el exjefe de la División Propiedades de la FELCC, capitán Fernando Moreira, serán trasladado a dependencias de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico luego de ser aprehendidos al brindar su declaración informativa por el delito de narcotráfico por el cual está acusado.

Ambos serán imputados por los delitos de encubrimiento y asociación delictuosa, vinculados al caso del prófugo y acusado por narcotráfico, Pedro Montenegro Paz. Dieron declaraci informativa en la fiscalía de sustancias controladas en Santa Cruz y decidieron abstenerse a declarar y acogerse a su derecho al silencio>> (“Aprenden al coronel Medina y capitan Moreira, acusados de narcotráfico“).

Nada nuevo, y menos aún desde que el gobierno socialista se instalara en el poder a la cabeza de Evo Morales (2006), sino, un asunto de larga tradición en los usos y costumbres de la Policía Boliviana. Donde la corrupción constituye un afán apetecido capaz de generarle fortunas a sus actores. Un negocio ideal para quienes buscan enriqeucer rápidamente. Al punto de que no pocos de los postulantes a la Academia Policial pagan fuertes sumas para ingresar a ella.
Y sin embargo, poca cosa ante lo siguiente: La licitación interna, informal, de los cargos más apetecidos de la Policía (jefacturas departamentales, regionales, funcionales…). Un hecho ya denunciado en los medios masivos de comunicación. Una licitación al mejor postor, ante la que los interesados compiten ofertando el pago de una suerte de arrendamiento y gana quién más prometa. Esto es el que mejor explotará su cargo y potestades de autoridad. Todo muy racional. Gana el más eficiente, el que mejor puede aprovecharse de los recursos públicos y extorsionar a la población y a los delincuentes, etc. Y se dice que un simple cargo de investigador de casos penales logra su cargo con alrededor de 10 mil dólares, que paga a quienes le dan el cargo.

Los factores fundamentales del problema

La Policía en Bolivia ha llegado a ser uno de los principales instrumentos del drenaje corrupto de los recursos públicos así como de la población a la que extorsiona de mil formas. Afanes en la que los actores beneficiarios han logrado armar verdaderas maquinarias de corrupción de corte mafioso. Asentando así una tradición que ha logrado cristalizar en espuria cultura institucional. La que se impone por encima de la ley y la moral. Un escenario en el que no vale nada el esfuerzo de algunos jefes policiales interesados en la institucionalidad legal de la policiía. No, ante la poderosa maquinaria de la corrupción consentida por las autoridades del Estado. Y esta es la magnitud del problema a encarar. ¿Cómo desarticular y anuar la maquinaria de la corrupción? ¿Cómo combatir la cultura de la corrupción instalada en sus ambientes, en el marco de un sistema político y de gobierno igualmente carcomido por este mal?

El Programa Social Libertario

El Programa Social Libertario, sobre la base de este diagnóstico de los factores fundamentales del mal que aqueja la Policía, propone un cambio de modo de producción, un cambio estructural, en el sistema fundamental de la organización policial. Esto es:

Que el estado deje de subvencionar la producción y oferta de los servicios policiales, y pase a subvencionar la demanda cargo de las familias.

Que el estado tiene la misión de cuidar la seguridad de los ciudadanos está ya establecido, pero no al modo como lo viene haciendo.

“Hecha la ley, hecha la trampa”

Por lo demás, mejorar las normas y reglamentos, aplicar nuevas técnicas de administración, poner a los policías bajo el control de civiles, como propone el Ministro Quintana… educarlos en valores, restablecer la meritocracia en el nombramiento de sus jefes, prohibir la injerencia del poder ejecutivo en la policía, alentar a los policías a denunciar hechos de corrupción (Evo Morales), apelar por Dios a la conciencia de los élites policiales y sus jefes en el gobierno, etcétera, de poco o nada habrá de servir. No, ante la vigencia del hábito y la viciosa costumbre de corrupción hecha cultura que orienta la conducta de las élites del país. Y es que los problemas fundamentales de la Policía no son meramente técnicos o administrativos sino, esencialmente, del sentido de participación de sus jefes y mandantes. Los que actúan en la idea institucionalizada de que las jefaturas y cargos interesantes de la policía están puestos para beneficio de sus autoridades.

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