¡Programa! ¿Necesitará programa el próximo gobierno? Tiene o no importancia el asunto…

Por Walter Reynaga Vásquez…

Roger Cortez en su artículo publicado en Página Siete, “¿De transición o provisional?”, a tiempo de dudar de la validez de la idea de que al país le espera no más que un mero gobierno de transición, dice: <<La transición ha de ser a un nuevo tipo de economía, que ya no puede seguir apuntalada por los ingresos provistos por bienes naturales no renovables, como los hidrocarburos cuyo mercado se está modificando demasiado rápido y profundamente para que podamos confiarle nuestro futuro.>>

El líder socialista reproduce una manera muy habitual de entender la economía del país y sus problemas, una visión ideológico política que culmina planteando que, debemos dejar atrás la economía primario exportadora reemplazándola por una economía industrializada y diversificada… Hasta ahí bien, y no ha de haber quien, siendo boliviano, esté en desacuerdo. Pero lamentablemente, esta no es la cuestión central ni decisiva.

La posibilidad de idear un programa con posibilidades de éxito en la práctica pasa por un diagnóstico de la economía y sus problemas, tal que responda a la cuestión: ¿cuáles son los factores fundamentales que generan y sostienen los problemas de la economía del país: pobreza, atraso, producción primario exportadora, escasa industrialización…? Mientras no se hayan identificado tales factores fundamentales, el programa no pasará de ser una lista de ocurrencias en el mejor de los casos, o no más que una serie de ofertas demagógicas destinadas a engatusar a los votantes y sonsacarles su apoyo. Bueno, nada nuevo, porque eso es lo que nuestros políticos suelen entender por programa (“500 mil empleos…”). Lo que explica la carencia de programa en los partido de la oposición, así como la mísera y retorcida propuesta socialista del MAS. Lo cierto es que Bolivia, en sus casi dos siglos de vida, no ha logrado diseñar aún una ruta de respuesta efectiva sus problemas económicos y las deudas sociales que arrastra desde los tiempos de la colonia, persistiendo en la condición de el país más pobre y atrasado de Sudamérica.

En afanes de diagnóstico se suele hablar de “modelo económico”, haciendo alusión a la condición primario exportadora de la economía del país, para luego pasar sin más a proponer como solución la necesidad de salir de esta condición. Expresión de una actitud superficial y simplista, que pierde de vista el hecho de que la actividad económica de la sociedad humana se da sobre ciertas condiciones estructurales de organización social que exceden lo propiamente económico. No otra cosa que el nivel al que Karl Marx se refería como “modo de producción”. O, la institucionalidad que el Nobel de economía Douglass North definía como, “restricciones ideadas por el hombre que estructuran interacciones políticas, económicas y sociales”. Lo que nosotros llamamos, sistema fundamental de la organización social. Esto es, el escenario básico que pone límites, da posibilidades y rumbo a los naturales afanes económicos de las gentes. Lo que distingue y determina los contrapuestos resultados del capitalismo y el socialismo. De la economía de libre mercado y empresa privada y la economía de empresa estatal y planificación central, respectivamente. O, de la economía feudal de servidumbre, o el esclavismo, etc.

Esto es, el nivel de la realidad social que determina las posibilidades de desarrollo o atraso, de riqueza o pobreza de la economía de un país, por encima incluso de las condiciones del medio ambiente natural y sus recursos o la tradición cultural de una sociedad. Cosa que se ha puesto en evidencia en la era moderna por todo lo ancho del planeta. Y ciertamente, el nivel del paquete de factores del estancamiento de la economía boliviana en lo primario exportador y su esmirriada industrialización. De donde resultará esclarecedor determinar la naturaleza del sistema fundamental de organización social del país (su “modo de producción”). Mientras esto no quede claro, no tendremos un  diagnóstico de los factores fundamentales de los problemas del país. Y no tendremos cómo idear respuestas valederas a su penosa situación.

Ciertamente Bolivia necesita un programa, el que lo lleve de ser un país plagado de conflictos, anclado en el pasado y la pobreza a ser un país moderno, de convivencia pacífica y de pujante desarrollo. El momento histórico lo exige. Y en esa perspectiva cuenta nuestro Programa Social Libertario.

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