Por qué lo gatos tienen vocación keynesiana

Por Walter Reynaga V…

Say's Law of Market - Classical Theory of Employment

1.

El doctor Gonzalo Chávez Álvarez en su conferencia titulada: “El rol del Estado en el ciclo económico (la aproximación macroeconómica) Y el rol del Estado en el desarrollo económico (la aproximación estructural/estratégica)”, ofrecida por Facebook (22-06-20), en papel de abanderado del pensamiento de Keynes, defiende a brazo partido la importancia del pensamiento del economista inglés para encarar nuestros tiempos de crisis. Importancia que, según él, estaría siendo refrendada con el universal afán de intervención de los gobiernos para sacar la economía de sus países de la crisis provocada por la pandemia.

Explicaba Chávez que se había visto en la necesidad de responder al trato equivocado, que cargado de ideología, estarían dispensando al keynesianismo algunas personas superficiales atribuyéndole responsabilidades en los males provocados por las políticas populistas de moda en países como Venezuela o Bolivia bajo el gobierno de Evo Morales. Regímenes que, según aclaraba, antes que estar inspirados por el keynesianismo, responderían a teorías como las de “la dependencia”, “la sustitución de importaciones”, “el cepalismo”, “el marxismo” y otras expresiones similares que tienen de común el poner al estado como actor determinante de la economía con políticas de nacionalización, redistribución, industrialización… Cosas ajenas a Keynes, decía, que se habría ocupado no más que de los ciclos macroeconómicos de auge y depresión que afectan a las economías capitalistas con grave daño al sistema productivo. Problema del que Keynes ciertamente ofrece una explicación de causas proponiendo en consecuencia remedios. Por lo que el keynesianimo nada tendría que ver con políticas económicas demagógicas como la puesta en práctica por el MAS.

Hasta ahí bien y aceptable. Lo que desmerece su apología es la explicación que da de las virtudes del pensamiento del economista británico. En ese propósito es que Chávez, recuerda una de las ideas básicas del enfoque keynesiano, la que le atribuye a Jean Baptiste Say haber dicho algo como que: “La propia oferta crea su demanda (…). Si tu produces una cantidad de mercancía, esta va ha ser comprada sí o sí” –detalles menos o más, no otra cosa que lo dicho por Keynes-. Exponiendo así sobre la mesa el error básico de J. M. Keynes. Error definitivo, porque J. B. Say jamás había dicho cosa tan poco concordable con la realidad de la economía de mercado, ni nada similar, veamos.

Un producto terminado ofrece, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos por todo el monto de su valor. En efecto, cuando un productor termina un producto, su mayor deseo es venderlo, para que el valor de dicho producto no permanezca improductivo en sus manos. Pero no está menos apresurado por deshacerse del dinero que le provee su venta, para que el valor del dinero tampoco quede improductivo. Ahora bien, no podemos deshacernos del dinero más que motivados por el deseo de comprar un producto cualquiera. Vemos entonces que el simple hecho de la formación de un producto abre, desde ese preciso instante, un mercado a otros productos. (Say, J. B. Tratado de política económica, o de la producción, la distribución y consumo de la riqueza, 1803)[1].

Quien alguna vez produjo alguna cosa y la llevó al mercado con la intención de venderla, sabe que no es cierto que “esta vaya a ser comprada sí o sí”. Una verdad de sentido común que ningún artilugio intelectual puede desmerecer. Sí algo dijo al respecto Say, fue que la compraventa implica intercambio de producción, no de mero dinero por producto. Que la demanda sólo es posible por la producción, y que el producir genera demanda porque asienta la condición necesaria de la misma.

2.

Pero ahí no queda Chávez, que en actitud de contraofensiva apunta a los libertarios, a los críticos de Keynes, afirmando que “El estado mínimo no existe”. Lo que hace sin advertir que el golpe no podría hacer mella en la escuela austriaca de economía, porque en esta no trata de la existencia, o no, de un escenario real de libre mercado puro, sino, del rol del mercado y el estado en el escenario real de la economía capitalista, cada cual por su lado. De donde algunos libertarios derivan la necesidad de limitar el papel del estado en la economía, bajo la idea de que el mercado organiza de mejor modo la actividad productiva.

3.

El ciclo económico de la economía capitalista no tiene nada que ver con la crisis de la pandemia. Y menos aún bajo el enfoque de Keynes, que atribuye estas crisis del capitalismo a desfases provocados por insuficiente inversión y demanda derivando en paro. Según él, cosas propias de la economía de mercado. Por lo que el momento actual de incremento de la intervención del estado en procura de sacar la economía de la crisis provocada por la pandemia, no puede ser tomada como algo que esté revalorizando el keynesianismo, como afirma Gonzalo Chávez.

4.

La economía moderna tiene dos factores que concurren mezclados o combinados a organizar la actividad productiva: el mercado, y el estado. Formas o métodos distintos que constituyen la tecnología básica de la organización social. Cada cual con sus cualidades y deficiencias. Lo que afirmamos sin perder de vista que el capitalismo emerge cuando el mercado, como forma de interacción económica, se amplía a las relaciones entre patrones y trabajadores abarcando las factorías industriales, más allá de las actividades del comercio, ya presentes en los modos pre capitalistas. Ciertamente, el estado interviene de varios y diversos modos en la economía moderna, y en niveles mayores bajo el socialismo en sus dos facetas más emblemáticas: la marxista y la nazifascista.

Y el keynesianismo no es otra cosa que una de las ideologías económicas de intervención. Parte de la familia de teorías que le atribuyen al mercado deficiencias de racionalidad que hacen imperiosa la intervención del estado, supuestamente dotado de mejores criterios de racionalidad. Ya que aun limitándose la injerencia al escenario del ciclo económico, no deja de tener impacto importante en el mercado por medio de las políticas fiscales y financieras que recomienda.

5.

Lo que resalta de este af.an por defender el pensamiento de Keynes es la idea de la necesidad del estado como rector de la economía. No otra cosa que el criterio bajo el cual los políticos encuentran fundamento para sus afanes por controlar la actividad productiva. Escenario que les es propicio para obtener privilegios y beneficios ilegítimos por medio de prácticas corruptas. Formas de ejercer el poder político que no cambian con sólo poner en el escenario recomendaciones y exigencias en procura de conductas menos arbitrarias con los intereses de la colectividad. Y, ni siquiera con ideas brillantes sobre estrategias referidas al desarrollo, la industrialización… Menos aún en países como el nuestro, con larga tradición y práctica de uso corrupto del poder, al punto de haber cristalizado en cultura social. Un problema que por lo habitual nuestros economistas no toman en cuenta a la hora de plantearle al país políticas económicas, como las que sugiere Chávez, dando por descontado un desempeño óptimo del gobierno y la burocracia pública, virtud que en Bolivia no tiene antecedentes.

6.

De ahí que los “gatos” del escenario político tengan razones firmes para simpatizar con el keynesianismo, en la medida en que esta línea de pensamiento económico da cobertura a la ampliación del rol del estado. Ampliación que a su vez ampliará los botines de la corrupción a la que tan afectos son nuestras élites dirigentes. Lo que no se da sin grave impacto negativo sobre la calidad de las funciones del estado. Tal como hemos ido viendo y viviendo desde 1952, cuando a través de la Revolución Nacional se puso al estado a cargo del desarrollo nacionalizando la gran minería capitalista en medio de un gran afán socialista por conducir la actividad productiva desde el poder político.

Una vez más, las ideas y planteamientos de cómo lograr desarrollo económico y buen vivir que no tomen en cuenta la tecnología básica de la organización social no están completas. De ahí la importancia de la disyuntiva: mercado o estado… De ahí la necesidad de llevar la cuestión hasta el nivel institucional de la economía, al “modo de producción” (Marx) y las estructuras de la sociedad o simplemente a las reglas de juego.


[1] J.B. Say, 1803, Traité d’économie politique, ou simple exposition de la manière dont se forment, se distribuent, et se composent les richesses, (1803), traducido al inglés como A Treatise on Political Economy, or the production, distribution and consumption of wealth, (1803). https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Say

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