¿Por qué Bolivia no es un país desarrollado como Suiza, Singapur, Hong Kong…?

Una pregunta necesaria a los candidatos.

LEÓN, ESPEJO DE SINGAPUR - El Heraldo de León

Por Walter Reynaga V…

¡Por qué no dejamos de ser un país pobre y atrasado! Por qué no conseguimos la industrialización. Por qué los bolivianos no tenemos un nivel de vida como en Europa, EE.UU. Japón o siquiera como en Chile. ¡Por qué no hay trabajo! ¿Por qué tenemos que irnos del país para encontrar empleo? 

Son las cuestiones que deberían afligir a nuestros líderes que pugnan por ganar las elecciones, si es que realmente les interesa la suerte del país. Y, la primera pregunta de los periodistas a los candidatos al poder.

No es poca cosa. Porque de la respuesta a la cuestión depende la posibilidad de encontrar remedio. Sólo un diagnóstico objetivo y realista conduce a un tratamiento efectivo. Sólo el conocimiento cabal del origen de nuestros males nos llevará a las soluciones que hasta ahora no hemos logrado encontrar. No otra cosa que el programa de gobierno capaz de conducirnos al desarrollo y a vivir en paz y respeto a pesar de las diferencias de clase, raza y cultura que arrastramos desde la colonia feudal.

Un asunto de crucial importancia que nuestros partidos tratan con displicencia, desde siempre. Una de las mayores falencias de las élites intelectuales bolivianas, que limitan sus métodos a copiar discursos de moda en el mundo desarrollado. Discursos y poses, que no teoría ni experiencia. Lo que explica lo caricaturesco de nuestros liberales, marxistas, fascistas, nacionalistas, socialistas del siglo XXI, indigenistas, ecologistas, abortistas, LGTBs y demás populistas.

De ahí que ante momentos electorales, a falta de un diagnóstico de los factores fundamentales de los problemas del país, los programas de gobierno de nuestros partidos se limiten a listas de ocurrencias más dirigidas a ganar simpatías entre los votantes que a encarar los males.

¿Qué define el destino de un país?

¿Qué determina que avance hacia el desarrollo o se estanque en la pobreza? Sin duda que para cada caso diversos los factores, pero sin duda también, que existen causas comunes y definitivas. Tal como las reglas de juego de la sociedad, lo que Marx llamaba, el “modo de producción” y Douglas North, “el sistema institucional”. El que preferimos llamar sistema fundamental de organización social o, simplemente, reglas de juego. Las que vienen cristalizadas en la práctica habitual, las leyes, costumbres y cultura de una sociedad. Como las reglas del futbol que hacen desarrollar habilidades en los pies de los jugadores, mientras el box lo hace en los puños, o las reglas del mercado, que hacen desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad.

Por lo demás, los humanos somos los mismos. Tal como la ciencia ha establecido, que por encima de naciones y razas tenemos las mismas virtudes y los mismos defectos. Lo que confirma el peso de las reglas del juego social. ¿Qué cambiaron los chinos para salir de pobres a ricos? Las reglas de juego de su economía, pasando del socialismo al capitalismo a partir de 1978. ¿Qué hizo Venezuela a partir de 1999, para dejar de ser uno de los países más ricos de la región y sumirse en la pobreza? Asumir las reglas de juego que ponen la economía en manos del estado a título de socialismo del siglo XXI.

¿Qué de común tienen China, India, Irlanda, Botswana, Mauricio, Hong Kong, Singapur, Taiwan, España, India, Corea del Sur, Chile… que avanzan al desarrollo y se hacen ricos? Que asumieron la economía de mercado y empresa privada.

¿Y qué hicieron los rusos y toda la camada de países del campo socialista? Poner la economía en manos del estado, lo que explica su fracaso. La gloriosa URSS ya no existe, hundida en sus propios cimientos, y Cuba está sumida en la miseria lo mismo que Corea del Norte, al borde de la hambruna.

Las reglas de juego vigentes en nuestro país

Si algo mantiene a Bolivia estancada en la pobreza es el haber tomado el camino del socialismo desde la Revolución Nacional (1952). Esto es, el haber puesto al Estado, a los políticos en el poder. a cargo de la economía marginando el papel de la población. Confiando en que las empresas estatales producirían la riqueza para capitalizar e industrializar el país. Una meta jamás cumplida.

El otro factor está en el tradicional rol del poder político, heredado de la colonia feudal: que el cargo público está hecho y puesto para enriquecer a la autoridad. Poderosa regla de juego que rige de hecho por encima de la ley y define el comportamiento de las élites políticas del país. Sean estos blancos o no blancos, cambas o kollas, civiles o militares, q’aras o t’aras, izquierdistas o derechistas… Si alguien escapa a estas determinaciones, en buena hora y mérito personal.

Bolivia está organizada sobre la combinación de estos dos factores. El afán socialista de estatizar la economía y la tradición del saqueo del estado ejercido por medio de la corrupción, por y para beneficio de las élites políticas en el poder. Lo que explica la prosperidad de la ideología socialista acogida y promovida por estas mismas élites, alentando la idea de llegar al poder y enriquecerse con un botín acrecentado por la estatización de las empresas, así como el mayor Presupuesto General del Estado. En Bolivia cualquier espacio de poder y atribución adicional sirve para obtener, diezmos, coimas y mordidas. Afanes en los que hemos desarrollado tecnología apropiada, cultura y organización (mafias de burócratas y políticos), especialmente en los últimos 14 años. En Bolivia, los políticos sacan ganancia sea que nacionalicen o privaticen.

Patético el rol de la ideología revolucionaria marxista al servicio del saqueo colonial interno, heredado de la dominación ibérica feudal.

De ahí que los gobernantes manejen las cosas del país como su qhato personal. Así la empresa del estado termina convertida en negocio privado de la autoridad, con opción de incluso de quebrarla con tal de sacar ganancia personal –un par de ejemplos entre cien, la empresa constructora de las FF.AA y el FONDIOC, o el Banco Agrícola de otros tiempos–. De ahí la venta a precio de dólar de los cargos en la administración pública. Que el comprar, vender y contratar todo género de cosas lleve sobreprecio. Dar pega a los parientes. Traficar con tierras, concesiones mineras y forestales así como con ítems de salud y educación. Proteger el narcotráfico… Un mar de corrupción del que los políticos logran fortunas, mientras la economía del estado se empobrece lo mismo que la población.

¿De dónde sale tanta desgracia?

Es que en las cosas del estado rige como principio: “Propiedad de todos, propiedad de nadie. Responsabilidad de todos, responsabilidad de nadie.” Y esto pesa en las decisiones de gobierno y la administración pública.

Lo que no pasa con lo privado, donde la suerte de la propiedad afecta directamente a su dueño, por lo que este se empeña en cuidarla. Condiciones a las que se suma el mercado. Donde las decisiones sobre el intercambio, los precios, calidades y otros aspectos de la compraventa están en manos de la gente involucrada, que interviene voluntariamente en procura de hacer valer sus propios puntos de vista, intereses y necesidades. Lo que aporta racionalidad productiva al escenario. Nadie va al mercado con la idea de salir perdiendo. De ahí que la suma de operaciones comerciales, racionales, termine generando procesos y resultados también racionales. Economías capaces de sostenerse y crecer.

Lo que no pasa en la economía socialista, donde no cuenta ni la propiedad privada ni el mercado. Sino, la irresponsabilidad, desidia y el juego corrupto, dando como saldo final crisis, decadencia y muerte. Hoy del glorioso campo socialista que llegó a dominar gran parte del planeta no quedan más que saldos degradados: Corea del Norte, Cuba, Venezuela y el socialismo del siglo XXI, que para colmo de la desgracia termina en alianza estratégica con el crimen organizado, el narcotráfico.

Si Bolivia no cambia de rumbo

No tendrá otro futuro que el que venimos viviendo de generación en generación arrastrando pobreza y atraso cuando no violencia política diaria. Decía Einstein, “si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Pero, de la oferta electoral actual no se ve nada que no signifique más de lo mismo, desgraciadamente. Sin embargo, cabe distinguir al MAS de los otros, y es que aún siendo izquierdistas también, no está comprometidos con el socialismo del siglo XXI que constituye el mayor peligro para el país, por ser un proyecto marxista dominio regional al servicio de la satrapía cubano venezolana aliada con el narcotráfico.

¡Por qué no dejamos de ser un país pobre y atrasado! Por qué no conseguimos la industrialización. Por qué los bolivianos no tenemos un nivel de vida como en Europa, EE.UU. Japón o siquiera como en Chile. ¡Por qué no hay trabajo! ¿Por qué tenemos que irnos del país para encontrar empleo? 

Son las cuestiones que deberían afligir a nuestros líderes que pugnan por ganar las elecciones, si es que realmente les interesa la suerte del país. Y, la primera pregunta de los periodistas a los candidatos al poder.

No es poca cosa. Porque de la respuesta a la cuestión depende la posibilidad de encontrar remedio. Sólo un diagnóstico objetivo y realista conduce a un tratamiento efectivo. Sólo el conocimiento cabal del origen de nuestros males nos llevará a las soluciones que hasta ahora no hemos logrado encontrar. No otra cosa que el programa de gobierno capaz de conducirnos al desarrollo y a vivir en paz y respeto a pesar de las diferencias de clase, raza y cultura que arrastramos desde la colonia feudal.

Un asunto de crucial importancia que nuestros partidos tratan con displicencia, desde siempre. Una de las mayores falencias de las élites intelectuales bolivianas, que limitan sus métodos a copiar discursos de moda en el mundo desarrollado. Discursos y poses, que no teoría ni experiencia. Lo que explica lo caricaturesco de nuestros liberales, marxistas, fascistas, nacionalistas, socialistas del siglo XXI, indigenistas, ecologistas, abortistas, LGTBs y demás populistas.

De ahí que ante momentos electorales, a falta de un diagnóstico de los factores fundamentales de los problemas del país, los programas de gobierno de nuestros partidos se limiten a listas de ocurrencias más dirigidas a ganar simpatías entre los votantes que a encarar los males.

¿Qué define el destino de un país?

¿Qué determina que avance hacia el desarrollo o se estanque en la pobreza? Sin duda que para cada caso diversos los factores, pero sin duda también, que existen causas comunes y definitivas. Tal como las reglas de juego de la sociedad, lo que Marx llamaba, el “modo de producción” y Douglas North, “el sistema institucional”. El que preferimos llamar sistema fundamental de organización social o, simplemente, reglas de juego. Las que vienen cristalizadas en la práctica habitual, las leyes, costumbres y cultura de una sociedad. Como las reglas del futbol que hacen desarrollar habilidades en los pies de los jugadores, mientras el box lo hace en los puños, o las reglas del mercado, que hacen desarrollar las fuerzas productivas de la sociedad.

Por lo demás, los humanos somos los mismos. Tal como la ciencia ha establecido, que por encima de naciones y razas tenemos las mismas virtudes y los mismos defectos. Lo que confirma el peso de las reglas del juego social. ¿Qué cambiaron los chinos para salir de pobres a ricos? Las reglas de juego de su economía, pasando del socialismo al capitalismo a partir de 1978. ¿Qué hizo Venezuela a partir de 1999, para dejar de ser uno de los países más ricos de la región y sumirse en la pobreza? Asumir las reglas de juego que ponen la economía en manos del estado a título de socialismo del siglo XXI.

¿Qué de común tienen China, India, Irlanda, Botswana, Mauricio, Hong Kong, Singapur, Taiwan, España, India, Corea del Sur, Chile… que avanzan al desarrollo y se hacen ricos? Que asumieron la economía de mercado y empresa privada.

¿Y qué hicieron los rusos y toda la camada de países del campo socialista? Poner la economía en manos del estado, lo que explica su fracaso. La gloriosa URSS ya no existe, hundida en sus propios cimientos, y Cuba está sumida en la miseria lo mismo que Corea del Norte, al borde de la hambruna.

Las reglas de juego vigentes en nuestro país

Si algo mantiene a Bolivia estancada en la pobreza es el haber tomado el camino del socialismo desde la Revolución Nacional (1952). Esto es, el haber puesto al Estado, a los políticos en el poder. a cargo de la economía marginando el papel de la población. Confiando en que las empresas estatales producirían la riqueza para capitalizar e industrializar el país. Una meta jamás cumplida.

El otro factor está en el tradicional rol del poder político, heredado de la colonia feudal: que el cargo público está hecho y puesto para enriquecer a la autoridad. Poderosa regla de juego que rige de hecho por encima de la ley y define el comportamiento de las élites políticas del país. Sean estos blancos o no blancos, cambas o kollas, civiles o militares, q’aras o t’aras, izquierdistas o derechistas… Si alguien escapa a estas determinaciones, en buena hora y mérito personal.

Bolivia está organizada sobre la combinación de estos dos factores. El afán socialista de estatizar la economía y la tradición del saqueo del estado ejercido por medio de la corrupción, por y para beneficio de las élites políticas en el poder. Lo que explica la prosperidad de la ideología socialista acogida y promovida por estas mismas élites, alentando la idea de llegar al poder y enriquecerse con un botín acrecentado por la estatización de las empresas, así como el mayor Presupuesto General del Estado. En Bolivia cualquier espacio de poder y atribución adicional sirve para obtener, diezmos, coimas y mordidas. Afanes en los que hemos desarrollado tecnología apropiada, cultura y organización (mafias de burócratas y políticos), especialmente en los últimos 14 años. En Bolivia, los políticos sacan ganancia sea que nacionalicen o privaticen.

Patético el rol de la ideología revolucionaria marxista al servicio del saqueo colonial interno, heredado de la dominación ibérica feudal.

De ahí que los gobernantes manejen las cosas del país como su qhato personal. Así la empresa del estado termina convertida en negocio privado de la autoridad, con opción de incluso de quebrarla con tal de sacar ganancia personal –un par de ejemplos entre cien, la empresa constructora de las FF.AA y el FONDIOC, o el Banco Agrícola de otros tiempos–. De ahí la venta a precio de dólar de los cargos en la administración pública. Que el comprar, vender y contratar todo género de cosas lleve sobreprecio. Dar pega a los parientes. Traficar con tierras, concesiones mineras y forestales así como con ítems de salud y educación. Proteger el narcotráfico… Un mar de corrupción del que los políticos logran fortunas, mientras la economía del estado se empobrece lo mismo que la población.

¿De dónde sale tanta desgracia?

Es que en las cosas del estado rige como principio: “Propiedad de todos, propiedad de nadie. Responsabilidad de todos, responsabilidad de nadie.” Y esto pesa en las decisiones de gobierno y la administración pública.

Lo que no pasa con lo privado, donde la suerte de la propiedad afecta directamente a su dueño, por lo que este se empeña en cuidarla. Condiciones a las que se suma el mercado. Donde las decisiones sobre el intercambio, los precios, calidades y otros aspectos de la compraventa están en manos de la gente involucrada, que interviene voluntariamente en procura de hacer valer sus propios puntos de vista, intereses y necesidades. Lo que aporta racionalidad productiva al escenario. Nadie va al mercado con la idea de salir perdiendo. De ahí que la suma de operaciones comerciales, racionales, termine generando procesos y resultados también racionales. Economías capaces de sostenerse y crecer.

Lo que no pasa en la economía socialista, donde no cuenta ni la propiedad privada ni el mercado. Sino, la irresponsabilidad, desidia y el juego corrupto, dando como saldo final crisis, decadencia y muerte. Hoy del glorioso campo socialista que llegó a dominar gran parte del planeta no quedan más que saldos degradados: Corea del Norte, Cuba, Venezuela y el socialismo del siglo XXI, que para colmo de la desgracia termina en alianza estratégica con el crimen organizado, el narcotráfico.

Si Bolivia no cambia de rumbo

No tendrá otro futuro que el que venimos viviendo de generación en generación arrastrando pobreza y atraso cuando no violencia política diaria. Decía Einstein, “si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Pero, de la oferta electoral actual no se ve nada que no signifique más de lo mismo, desgraciadamente. Sin embargo, cabe distinguir al MAS de los otros, y es que aún siendo izquierdistas también, no está comprometidos con el socialismo del siglo XXI que constituye el mayor peligro para el país, por ser un proyecto marxista dominio regional al servicio de la satrapía cubano venezolana aliada con el narcotráfico.

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