Por qué Bolivia es el país más pobre y atrasado de Sudamérica

Por Walter Reynaga Vásquez//…

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Bolivia, un país rico en recursos naturales y una población dispuesta al esfuerzo productivo está en la pobreza y el atraso porque confió la economía del país y las tareas del desarrollo al gobierno. En tanto que los países que confiaron la organización de su economía al mercado y la empresa privada prosperan.

 

Enfoque teórico

Es por naturaleza que la política, el gobierno, carece de condiciones para hacerse cargo de la economía apropiadamente. Esto es, para responder a las cuestiones básicas del qué, cómo y para quién producir ni para establecer los términos del intercambio. La política tiene sus propias finalidades y racionalidad que no tiene porque coincidir necesariamente con la racionalidad y los fines de la economía. Menos aún, al ser el poder político, un ámbito donde es posible enriquecerse sin aportar producción.

Afán, el de enriquecer en el poder, que suele atraer a las autoridades con la ventaja de poder hacer pasar sus ambiciones bajo el sello de, “por el bien de la colectividad”. Condiciones estructurales que derivan en los sistemas de corrupción que se arman en el gobierno, la administración pública y la representación dirigencial.

El enriquecer sin aportar producción se contrapone a la lógica de la vida y la sociedad humana. Porque hasta el infante recién nacido y en total desvalimiento logra beneficio de sus progenitores (cuidado y alimento) aportando para sus padres emociones gratificantes que sostiene la moral de los mismos y la sociedad familiar (bajo condicionamiento genético). No es pues del todo gratuito el sostenimiento que consiguen los recién nacidos.

La vida y la sociedad humana se ha  construido y desarrollado sobre la base del enriquecimiento que  aporta producción. Aunque la realidad muestra  excepciones, con seres que se sostienen y prosperan en condición parasitaria, que los sistemas ecológicos y los organismos pueden soportar en la medida en que los demás sí aportan producción.

En el ámbito de la economía de mercado, donde rige la competencia y las decisiones las toman sus actores personales voluntariamente, es poco posible que se puedan dar casos de enriquecimiento sin aporte de producción.

Es en este marco general de condiciones básicas de la política que se desarrollan las concreciones según las condiciones particulares de cada país.

 

En Bolivia

La sociedad boliviana y su sistema político son herederos de la colonia feudal española. Que fue un sistema imperialista orientado substancialmente al saqueo de la economía del país sometido. Saqueo realizado por medio del poder político instaurado por la fuerza militar, y no por medio del mercado. Una actividad que sostenida por siglos termina por cristalizar en cultura y una práctica  institucionalizada centrada en la idea de que el poder, el cargo público, está hecho y puesto para beneficio de la autoridad. Fue así que lo concibieron los colonialistas españoles y así lo entienden hoy tanto las élites políticas como la masa social.

Esta forma de entender la política y la autoridad, así como su práctica, se sostuvieron desde entonces casi sin variaciones, a través de la fundación de la república, en un escenario de relaciones feudales dominantes e incipientes expresiones de economía de mercado y empresa privada. Esto cambia significativamente al ponerse de moda la ideología socialista que llega y se impone bajo el influjo de la Unión Soviética y las fascistas Alemania e Italia de Hitler y Mussolini. Moda que se impone con la Revolución Nacional (1952), convirtiendo al estado y a los gobernantes en actores centrales de la economía, a través de la creación de un amplio sector de empresas estatales y el afán por controlar la actividad productiva privada y el mercado, y la planificación del desarrollo.

Lo que implica el reforzamiento y hasta la ampliación de las prácticas saqueadoras desde el poder, porque la estatización de la economía amplía el potencial botín del saqueo. En los mejores tiempos del Nacionalismo Revolucionario el sector estatal habría alcanzado a constituir el 70%.de la economía moderna del país. Con el gobierno socialista del MAS, el Presupuesto General del Estado viene significando más del 80% del PIB. Relación que aun en plena etapa neoliberal nunca bajó del 50%.

Si combinamos la naturaleza de la política, ya descrita como ámbito apto para enriquecer sin aportar producción, con la tradición de uso del cargo de gobierno como algo puesto para beneficio de la autoridad y su gente, tendremos un cóctel perverso y degradante. El mismo que alcanza sus mayores cotas de realización cuando más amplio es la intromisión del poder político en la economía. Tal como estamos viendo con el régimen socialista de Evo Morales, que amplía el sector de empresas estatales así como el PGE, e intervine sobre el mercado. Circunstancia, la presente, que marca los peores momentos de degradación moral e irracionalidad en la economía, al punto de hacer previsible una crisis próxima similar a la de Venezuela.

El país vive sobre estas estructuras desde hace siete décadas, con regímenes que tienen por denominador común el sometimiento de la economía al poder político. Condiciones que no han cambiado substancialmente ni con los gobiernos llamados neoliberales a cargo de gobernantes apegados al estatismo, que asumen el Consenso de Washington bajo presión internacional, cumpliendo con sus pautas a regañadientes e ignorándolas cuando así convenía a sus intereses.

Es en este ambiente estructural que fracasan las intenciones del MNR del 52 por fomentar y generar una burquesía nacional y desarrollar un mercado interno. Las mismas condiciones fundamentales que llevan por la ruta de la frustración la hipotética construcción de la sociedad socialista en manos del gobierno del MAS. Que a despecho de sus alardes ideológicos está terminando por transitar la misma ruta decadente de la Revolución Nacional, rogando para que la inversión extranjera directa lo socorra. Sin duda con la esperanza de imitar la exitosa estrategia del Partido Comunista de la China.

 

Resultado

Esa es la fuente última, raíz y factor determinante que sostiene la pobreza y atraso de Bolivia, en medio de un escenario mundial que está mostrando decenas de países que vienen saliendo de la pobreza y el atraso para convertirse en unas décadas en países ricos y desarrollados.

Fue que escogimos mal el camino, tomamos la ruta del fracaso. Pusimos al estado a cargo de la economía y fracasamos. Confirmando la experiencia de la humanidad en los dos últimos siglos. Donde no es posible encontrar un solo caso de éxito sostenible de economía en manos del estado, pudiendo por el contrario advertirse entre sus consecuencias degradación económica y dictadura amen de atentados sistemáticos contra los derechos humanos… Ciertamente resultados lejanos, muy lejanos, de los ideales y valores acariciados por la ideología socialista.

De ahí que a estas alturas del trajinar histórico de la humanidad: “régimen socialista exitoso” resulta ser un conjunto vacío. Entonces, con palabras de Marx podemos decir: fracasó el “modo de producción…”

LP, 24/08/18

WRV.

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