Por el nada luminoso sendero del socialismo marxista y nazifascista: la Argentina…

Por Walter Reynaga Vásquez…

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Las causas últimas de la decadencia de la Argentina están en sus estructuras organizacionales. En el sometimiento de la economía al poder político y los efectos redistributivos populistas de la democracia que empiezan a manifestarse ya con el gobierno de Irigoyen (1914), contraviniendo la libertad del mercado sostenida por la constitución de Alberdi (1853). Así empieza a tomar vuelo la imposición de la lógica del poder político sobre la actividad productiva. De un poder político arbitrario y perverso que combina populismo y mercantilismo. El mismo que, siguiendo la tradición saqueadora de la colonia feudal española, se orienta al uso del estado como instrumento de expoliación. En un escenario reforzado por la moda socialista marxista y nazifascista, gravitante desde los años veinte del siglo XX, bajo cuya prédica se incrementa la suplantación de la razón económica por los afanes de la política. Afán que se plasma en el dirigismo (como la política de sustitución de importaciones…), el sostenido incremento del gasto público en relación al PIB y el saqueo del excedente mediante la corrupción y la distribución de privilegios por y para beneficio de élites improductivas. Mientras en las masas cunde la idea de que el estado tiene que ser la fuente de su bienestar. Ideología que llega al punto de intoxicar la mentalidad del pueblo argentino, tal como puede entenderse de su preferencia por el posible retorno al poder de los socialistas del siglo XXI.

<<En la víspera de la Primera Guerra Mundial, el futuro de Argentina parecía promisorio. Desde la adopción de la Constitución de 1853 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, Argentina experimentó un periodo de excepcionalismo económico conocido como la ‘Belle Époque’.[1] Para 1896, Argentina alcanzó el ingreso per cápita de EE.UU. y obtuvo un nivel de prosperidad considerablemente mayor que Francia, Alemania, Italia y España.[2] Un crecimiento económico sólido y las reformas institucionales posicionaron a Argentina entre los 10 mejores países en 1913 en términos de PIB per cápita.[3] Algunos académicos han llamado a la Buenos Aires del siglo XIX “Chicago en el Río de la Plata”, dada la similitud histórica entre ambas ciudades.[4] La Buenos Aires del siglo XIX presumía de las mejores tasas de alfabetismo de América Latina,[5] inmigración europea sin precedentes,[6] y una rápida modernización de su infraestructura.[7]>> (Rok Sprung: “El ascenso y caída de la Argentina”, 11-10-18)).

<<Después de la fallida transición a un sistema de pesos y contrapesos de jure y de facto en 1912 a través de la Ley Sáenz Peña, Argentina no contaba con la cultura política ni los fundamentos institucionales de un marco institucional de jure y de facto que sea participativo y amplio. El vacío de poder fue efectivamente explotado por los militares en 1930, lo cual permitió a la clase gobernante tradicional realizar un golpe de Estado. También pavimentó el camino hacia la reemergencia de viejas características coloniales como el irrespeto a la ley y el orden, el militarismo subversivo, y los abusos de poder persistentes. El efecto neto fueron tendencias populistas generalizadas en las élites tradicionales, las cuales distorsionaron los incentivos para la inversión, socavaron la protección de los derechos de propiedad, y mantuvieron los costos de transacción demasiado altos para que Argentina pudiera seguir el ritmo de crecimiento de otros países avanzados.>> (Idem).

Es en este escenario que las fuerzas de la economía moderna, que venían vertiginosas desarrollándose desde mediados del siglo XIX, son subalternizadas y sufren un proceso de marginación así como de distorsión de su lógica natural degradando sus potencialidades. De este modo, la Argentina pasa de ser uno de los países más desarrollados el mundo a ser un país subdesarrollado hoy.

Hablamos de las condiciones estructurales que se manifiestan ya en plenitud con el régimen de Perón y se arrastra con sus herederos ideológicos, con gobernantes militares y civiles. Marco fundamental que llega con los Kirchner a nuevos niveles de perversidad, dentro del proyecto de dominio regional diseñado por Cuba, que instrumenta el liderazgo y los petrodólares de Venezuela, llamado, “socialismo del siglo XXI”. Las condiciones básicas que el gobierno de Macri no ha sabido o no ha podido afectar significativamente, dejando que la economía de este país continuara cuesta abajo hacia un futuro que amenaza ser catastrófico. Más aún, de quedar el gobierno nuevamente en manos de la socialista Cristina Kirchner y su lugarteniente candidato a la Presidencia, Alberto Fernandez.

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