Para nuestros ideólogos lo de Venezuela es cualquier cosa menos socialismo. Al que con astucia llaman “capitalismo salvaje”.

Por Walter Reynaga Vásquez…

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Ayer, en el conversatorio auspiciado por UNITAS: “¿Qué pasa en Bolivia?” (La Paz, 16-05-19) el economista Carlos Arce, del CEDLA, decía con vehemencia que el “socialismo del siglo XXI” es “capitalismo salvaje” y una movida de la burguesía… Lo hizo tratando de contraponerse al comentario que hice del informe descriptivo de la situación económica del país que presentó, por cierto bastante acertada.

Había explicado yo que la comprensión cabal de los problemas del país exige la determinación de sus causas o factores. Tal como cumple a la actitud científica del conocer. Y, que sin este requisito el diagnóstico meramente descriptivo no podría dar las pautas requeridas para abordar la cuestión del cómo enfrentar los problemas. Una limitación habitual, entre nuestra intelectualidad, la de conformar sus diagnósticos con meras descripciones. Lo que explica la carencia extrema de propuestas de solución a la penosa situación del país como el más pobre de Sudamérica. Una pobreza de ideas que se ha puesto en evidencia en el desierto programático que caracteriza a la oposición, y hasta al gobernante MAS, que al estar cambiando de discurso –dado el desprestigio de la propuesta colectivista como efecto de la desgraciada situación de Venezuela—no atina a mostrar nada distinto.

Expliqué que los problemas económicos y políticos de Bolivia, encaminada ya hacia la crisis, son el corolario de una equivocada ruta estratégica hacia el desarrollo que elegimos bajo la moda colectivista. Ruta de la que el régimen del Movimiento Al Socialismo, apéndice del “socialismo del siglo XXI”, es su expresión mejor lograda y por eso, más negativa.

Tomando como tema el título del evento, “¿Qué pasa en Bolivia?”, dije que nuestro país vive la fase que Marx llamaba de “acumulación originaria del capital”. Esto es el periodo en el que se sientan las bases del capitalismo y se conforma como sistema. Meta histórica, en el curso actual de la humanidad, que el país no está logrando porque desde al menos 1952 venimos insistiendo en hacer del Estado el actor central de la economía y el artífice del desarrollo. Afán que sostenemos a título de socialismo, sin tomar en cuenta la experiencia de la humanidad ni la nuestra propia. Esto es, el fracaso de los sistemas económicos en los que la economía está conducida por el poder político. Al punto de que no hay caso alguno en el mundo del que se pueda decir he ahí una economía socialista exitosa sostenible.

Los bolivianos hemos equivocado el camino, al confiar en los políticos antes que en la población. Que esto es lo que tiene retrasado el arribo del país a la economía moderna de mercado. Y que en función de encarar los problemas actuales del país deberíamos tomar conciencia de esto y buscar otras vías hacia el desarrollo.

Arce alegaba que el “socialismo del siglo XXI” no es otra cosa que “capitalismo salvaje” refiriendo que la burguesía, al menos cierto empresariado, la estaba pasando muy bien de aliada del gobierno boliviano, y que la burguesía financiera internacional… Repetía argumentos trajinados por quienes se niegan a asumir la realidad del desastre socialista en Venezuela, Nicaragua, Cuba… De los que prefieren suplantar la realidad con su visión alimentada de consignas. Y, con tono pontificador ponía el acento en la necesidad de la claridad conceptual y el evitar confusión…

Quise responder a estas apreciaciones, pero, así como estaba organizado el evento no fue posible, en parte por la mala voluntad de sus conductores. Por lo que me doy a escribir este artículo.

Sobre la necesidad de la claridad conceptual es que Carlos Arce y los suyos deberían precisar que entienden por socialismo y qué por economía de mercado y capitalismo. Y así dejar de mezclarlos.

Socialismo y capitalismo son regímenes contrapuestos

Veamos. Al margen de la solidaridad genética propia del ámbito de la familia, dos son los métodos básicos de organización de la economía humana: el poder político y el mercado. La evolución histórica de la humanidad durante la era moderna logra imponer la hegemonía del mercado y da origen a la economía capitalista. Mientras por otro lado, lleva a su mayor expresión el método asentado en el poder político dando origen al socialismo. Esto expone la esencia del socialismo: la economía moderna avasallada por el poder político, mientras caracteriza al capitalismo como la economía de mercado con el poder político en calidad de coadyuvante.

El socialismo, implicando la estatización de los medios de producción y la planificación central de la actividad económica abarcando todos sus aspectos (marxismo), y la estatización de sólo parte de los medios de producción (los “estratégicos”) manteniendo la mayor parte en manos privadas, a las que sin embargo el gobierno impone sus planes y directrices en procura de alcanzar objetivos políticos (nazifascismo). De donde resulta que marxismo y nazifascismo son las dos caras de la misma moneda socialista. Así que no fue pues arbitrario, que Mussolini como Hitler, presentaran sus proyectos de dominio como algo contrapuesto al capitalismo y la democracia liberal. Pero, como caras de la misma moneda, las diferencias y mentados conflictos entre fascistas y comunistas no pasan de ser expresiones de la contraposición entre depredadores que pretenden las mismas presas, como cosas de hienas y leones.

Las economías mixtas que hegeminizan el mundo actual, tendran más o menos socialismo o más o menos capitalismo en la medida en que tengan más gobierno o más mercado en la organización de la actividad productiva.

Enfocada la realidad del país con estos criterios encontramos que desde al menos la Revolución de 1952, el país asume afanes socialistas, disfrazados de nacionalismo en algunos casos, que pone al Estado como actor central del ansiado desarrollo. Lo que define la nacionalización de la gran minería y la creación de empresas estatales varias, que en ese tiempo llegaron a constituir más del 70% del sector moderno de la economía. Una realidad que luego de la fase de regímenes militares de similar afán, y otra de tímida apertura al mercado (la llamada era neoliberal), culmina con el gobierno del MAS. Donde el afán por poner al poder político a cargo de la economía se justifica francamente como una fase preliminar de la construcción del socialismo bajo inspiración marxista. Son indicadores de esta realidad, el hecho de que bajo el régimen, el PGE viene a significar habitualmente alrededor del 80% del PIB. A diferencia, en los países de la Europa del “estado de bienestar” (una expresión que oculta afanes socialistas) tal relación gira en torno al 50%. Mientras en países como Hong Kong no llega al 20%. Agreguése el control de precios, la imposición de tarifas y salarios negociados por el poder político, la imposición de dobles aguinaldos, la manipulación de datos macroeconómicos, condiciones para la actividad comercial, un ambiente hostil a la empresa privada, etc. completando el cuadro de estricto control del estado sobre la economía.

No estamos hablando de otra cosa que de la política económica típica del socialismo el siglo XXI. Cuya práctica, siguiendo el discurso de sus líderes, es sin duda y efectivamente socialismo, y no “capitalismo salvaje” como pretende Carlos Arce, en su afán por lavarle la cara a su cara ideología, desprendiéndola de la realidad, como un ideal incólume a su mísera práctica.

La invitación al Conversatorio, como el discurso de introducción al mismo, prometía debate: “más allá de lo coyuntural”. Que no se dio, lamentablemente. Confirmando que estos eventos organizados por las ONGs son más apariencia que realidad.

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