Mesa no cambiará… Para eso mejor que siga Evo Morales, y cargue el desastre económico que trae el “socialismo del siglo XXI”

Por Walter Reynaga Vásquez–

02-ROLANDO

Carlos Mesa no sabe que los problemas de ingobernabilidad de Bolivia surgen de la estatización de la economía. Y cree que bastará con su buena voluntad y “sabiduría” para encararlas.

<<C.M.: Te lo voy a explicar de la manera más gráfica. Uno, no voy a suprimir los bonos que están vigentes. Dos, no voy a privatizar absolutamente nada, ni se me ha pasado por la cabeza privatizar absolutamente ninguna empresa. Tres, no creo en las recetas neoliberales para resolver los problemas estructurales de la economía. Califícame como tú quieras.>>  (Entrevista: “Que no nos Digan que Ésta es la Mejor Bolivia que Podemos Tener”)

Socialista ingenuo… A este paso, de ganar elecciones, Carlos Mesa administrará la fase de decadencia final y depresión económica del “socialismo del siglo XXI”. Entonces, no tendrá que salir ya corriendo del poder como en el 2004, sino como alma que lleva el diablo huyendo de la turba populista. La que aprovechará la crisis expresada en desempleo masivo, cierre de empresas privadas, corrupción galopante, bajos salarios, inflación, desabastecimiento… para armarle una perfecta situación de ingobernabilidad.

Cuando no entiendes la naturaleza de los sistemas de organización fundamental, crees que con buena voluntad podrás enmendar cualquier cosa, hasta la irracionalidad y deficiencias de un “modo de producción”, que como el socialista, ha dado amplia y sin excepción muestra de su irracionalidad y fracaso.

Ni Carlos Mesa ni sus asesores parecen comprender que cuando la economía está en manos del estado –como en Bolivia hoy, con empresas estatizadas, intercambio mercantil intervenido, un PGE que abarca más del 80% del PIB– el acceso de la gente a la distribución de lo producido (o la redistribución) depende de la capacidad de presión política sobre la voluntad del gobierno. La que sin dudar ejercen todos quienes pueden hacerlo, habitualmente en Bolivia las élites mafiosas de los sindicatos obreros, gremiales, choferes, cocaleros, maestros, juntas de vecinos…

Cosa que no ocurre en una economía de mercado, donde el acceso de unos y otros a la riqueza generada socialmente se define en el mercado, con la participación directa de cada cual, sin provocar movimiento social o político alguno ni presión sobre el gobierno. Ahí tienen para ejemplo el tranquilo pasar de los gobiernos de los países capitalistas.

Pero, como decíamos, cuando el acceso a la riqueza social, sea como salario, renta, ganancia, bono, coima… depende del poder político el conflicto y la lucha por atrapar lo mejor de la torta está al día. Tal como se puede ver casi diariamente con las una y mil “movilizaciones sociales” que transitan las calles y caminos de nuestras ciudades y campos. Un escenario estructural en el que las élites políticas desarrollan capacidades en esa dirección, convencidas de que sabotear al gobierno es un buen negocio, y que el que más rudo golpea es quien mayor ganancia logra. Es la necesidad de frenar estos afanes y disciplinar a la población lo que explica el por qué los gobiernos socialistas desarrollan vastos aparatos de represión. Es que sólo de ese modo pueden contener los reclamos de gil y mil, justos o injustos. Y en eso está exactamente el gobierno de Evo Morales, que ha desarrollado mecanismos y métodos de represión como jamás se había visto antes en el país, pasando incluso por encima de las leyes y la moral.

Si Carlos Mesa, ya en gobierno, no cambia estas condiciones estructurales tendrá que enfrentar a las mafias dirigentes con los brazos amarrados por las leyes del régimen democrático. Y pronto se verá en la misma situación que durante su anterior gobierno provoco su renuncia. Los problemas de ingobernabilidad de Bolivia surgen de la estatización de la economía, del sometimiento de la economía al poder político.

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