Mercado o estado al servicio de la economía

Por Walter Reynaga V…

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Comentando la conferencia del doctor Gonzalo Chávez Álvarez titulada: “Desmistificando las ficciones analíticas: mercado versus estado. El ejemplo de la salud. Una aproximación microeconómica”, 06-07-20.

Para empezar aprecio el esfuerzo de Gonzalo Chávez por llegar a la población con explicaciones sobre la naturaleza de la economía. Un asunto mayormente limitado a expertos a pesar de la definitiva importancia que tiene para todos. Quien no entiende de economía no podría entender la realidad de la sociedad en la que vive.

1.

Ambos, mercado y estado tienen fallas. Es la conclusión a la que llega Chávez luego de explicar los asuntos básicos de la oferta y la demanda. Si esto es así, y ciertamente lo es, ¿qué debiéramos hacer?

Cuando falla el mercado, que intervenga el estado, dirán los economistas neoclásicos (incluidos los keynesianos). Y eso precisamente recomiendan a los gobernantes que asesoran. ¿Y, ante los fallos del estado? En la misma línea, tendríamos que decir: que intervenga el mercado, sino quién. ¿Sobre el estado?

Aún siendo adecuadas estas respuestas, no son suficientes. Porque no pasan de lineamientos generales. Tendríamos que saber cómo concretamente puede y debe intervenir el estado en cada caso, y en qué no hacerlo… Y lo mismo para el mercado interviniendo sobre el estado. Hablamos de un saber que pone por condición un previo saber de los atributos virtuosos o defectuosos tanto del mercado, como del estado. Y a este nivel del asunto no llegó la explicación de Gonzalo Chávez. A pesar de ser este precisamente el asunto en controversia.

2.

La visión neoclásica de la economía, expuesta por Chávez, a través de la “ficción” “competencia perfecta”, de la que luego dice, “nunca ha existido”, adolece de un error de enfoque metodológico. Explicar el mercado no requiere de tal ficción, porque bien se puede exponer su realidad bajo el criterio de que las “leyes” de la economía se refieren a tendencias antes que a situaciones consumadas. Así, la subida del precio de una mercancía X tiene por efecto la tendencia a la disminución de su demanda, antes que la disminución efectiva de su demanda, que puede no darse bajo determinadas condiciones. Y es que el hecho económico responde a una cuasi infinita complejidad de factores. De esto habla Antonio Escohotado cuando dice que la realidad es siempre más compleja que la idea o la mirada sobre ella.

Si esto es así, lo que se tiene que tomar en cuenta del mercado es el sentido de las tendencias que genera en su funcionamiento, las que se manifiestan en la práctica. Y esto mismo vale para el estado como rector de la economía.

Tomemos como indicadores de desempeño los resultados de sus expresiones más plenas: para el caso del estado, el socialismo marxista, y para el mercado, el siglo XIX en Europa. Experiencias de las que en atención a la realidad y la lógica podemos concluir: 1) la escasa racionalidad de la economía en manos del estado, no sólo en función del desarrollo sino también en cuanto al bienestar humano y sus derechos; y, 2) la virtud del mercado en función del desarrollo económico. Cualidad que reconoce hasta el enemigo mayor de la economía de mercado, Karl Marx, en el “Manifiesto del Partido Comunista” (1848).

Estado y mercado, como modos de ordenar la actividad productiva, arrojan en la práctica resultados muy distintos. Tal como se puede ver en los países socialistas, por un lado, y en los capitalistas, por el otro. Así como en los países capitalistas, de economía mixta, al que concurren ambos: mercado y estado.  Las tablas del Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage, dan cuenta de que los países más sujetos al mercado que al estado son los que más desarrollan y dan a sus pobladores mejores condiciones de vida.

3.

Que el mercado real no es perfecto, tampoco el estado real. ¿Qué puede ser perfecto en el mundo de las cosas humanas? Probablemente nada. Que hay externalidades… Todo en este mundo tiene externalidades. Para que algo sea aceptable no tiene que ser perfecto, basta con que sea útil y más útil que los modos alternativos. Y ese es el caso del mercado comparado con el poder político a cargo de la economía. 

Qué es, sino una falla del estado, que en tratos espurios con cierta empresa privada, reparta  privilegios como el monopolio –como el de la empresa italiana que se hace dueña de Entel, bajo el gobierno de Sánchez de Losada–. ¿No es falla del estado el cobijar legalmente privilegios banqueros, como el encaje legal parcial (o reserva fraccionaria), que junto a las políticas de dinero barato o crédito fácil terminan promoviendo los procesos expansivos de la producción que terminan en crisis económica periódicamente?

Fallas de información en el mercado, seguro que las hay. Pero no se pierda de vista que un mercado competitivo y de libre concurrencia lleva en los precios gran parte de la información que necesitan compradores y vendedores para tomar decisiones más o menos atinadas. De no ser así, el mercado no estaría organizando la actividad productiva hasta llegar a abarcar el planeta entero. ¿Qué otra cosaa es la globalización? ¿No son más los países que entran al sistema de mercado, que los que salen, a pesar de los afanes  de las internacionales socialistas?

Y la cosa no queda ahí, porque el estado también toma decisiones en medio de deficiencias de información.  En condiciones extremas, legando al absurdo, en las economías centralmente planificadas, pero también presente en los estados socialdemócratas y los afines a políticas keynesianas. Y mucho más aún en los estados como el nuestro carentes de burocracias bien entrenadas, con gente sometida a prácticas perversas como las de la corrupción. ¿Qué mejor escenario, el del estado, para que en la economía se den prácticas monopólicas, siendo el estado, por definición, un poder monopólico? ¿Y no crean externalidades las decisiones políticas? Seguro que sí, y muchas veces a propósito de dar privilegios a los enganchados al poder.

4.

Pero, ¿cómo es que el mercado tiene las referidas virtudes? Pues simplemente porque permite entrar en juego la natural racionalidad del ser humano concreto. La que se manifiesta cuando interviene en la compraventa a partir de sus puntos de vista, necesidades, intereses, requerimientos y posibilidades. Condiciones que gravitan en la medida de la libre concurrencia y la competitividad del mercado. Lo que no ocurre, al menos no en la misma medida, cuando quien toma las decisiones es el gobernante, el representante político, porque ahí se da un escenario proclive a la suplantación de la racionalidad económica de la población por la racionalidad del poder político, entre otras distorsiones. ¿Por qué se invirtieron los capitales de la Empresa Minera Huanuni, estatizada, en la contratación de trabajadores en un número cuatro veces mayor a lo requerido? ¿No pesan en las decisiones de inversión los afanes por obtener jugosas coimas, habitualmente? ¿No gravita en la estrategia de Trump frente a China, en su guerra comercial, la perspectiva de su reelección?

Conclusión

Mercado y estado como métodos de organización de la economía tienen fallas. Pero en distinto grado, siendo el mercado el que mejor sirve al desarrollo y el bienestar humano. Cualidad que se expresa en las economías de los países capitalistas, muchas veces venciendo las negativas determinaciones del poder político.

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