¿Le dará “el imperio” garantías… repitiendo las que dieron a Fidel Castro, para que Kim Jong-Un se haga definitivo dueño de Corea del Norte?

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Por: Walter Reynaga V./

 

Viene ocurriendo que el socialismo clásico está decantando su mutación, hacia el socialismo fascista. Esto es, hacia un sistema con los medios de producción en manos privadas combinado con empresarios y trabajadores sometidos al poder político y sus planes lo mismo que el mercado, régimen complementado con un gobierno de afanes dictatoriales. Esto es lo que viene decantándose de la confusa y poco previsible mutación iniciada en el “campo socialista” con la revolución de Deng Xiao Ping (China, 1978), hace ya 40 años.

Sucedió que las élites del partido comunista de la China no soltaron jamás el poder. Posición desde la que se dieron a trocar su condición de burócratas privilegiados a la de empresarios capitalistas, grandes gerentes de las empresas estatales (cuasi dueños de las que se mantienen todavía bajo el poder del estado) o delegados del Partido Comunista ante las grandes empresas privadas…

El liderazgo chino encaró el proceso de mutación hacia la economía de mercado de un modo muy astuto. Lo hizo al abrir el país a la inversión extranjera directa dándole privilegios y seguridades impensables para un régimen marxista. Fue así que transnacionales gringas, alemanas, japonesas… empeñaron sus capitales y tecnología impulsando la economía de este país espectacularmente. Así, China fortalece y desarrolla su economía, y en ese nuevo marco sus líderes van acomodándose en las nuevas estructuras ventajosamente. Hablamos de gente que logra amasar grandes fortunas desde su doble condición de burgueses y dueños del poder político. La misma gente que con la última decisión, que posibilita la reelección indefinida de su líder Xi Jinping, redondea el sistema fascista.

En Rusia, liquidado el Partido Comunista, la “nomenklatura” soviética se enfrenta a una mutación desordenada pero logra mantener su liderazgo acomodando nombres y afiches ideológicos a las nuevas condiciones. No le resulta muy difícil ante una ciudadanía confundida y bisoña en asuntos de política y democracia. Pero, a diferencia de China se impone la avidez de los caudillos por encima de posibles estrategias de acogida a la inversión extranjera directa, por lo que no logran ni de lejos imitar el éxito económico de la China. Hoy Rusia está lejos de ser la segunda potencia económica mundial que fue cuando la URSS, al presente su economía no es más grande que la de Italia y adolece de una situación crítica habitual. Sin embargo, las élites organizadas por el irremplazable Putin logran afirmarse en el poder manipulando la democracia al típico estilo fascista. Si este país pesa significativamente en la política internacional es por el sobredimensionamiento de sus afanes políticos. Un rasgo típico del fascismo, que avasallando al economía la pone al servicio de los sueños de grandeza de los Putin y su entorno nacionalista. Lo que, sin embargo, no logran sin dañar la economía del país.

Cuba intenta seguirle los pasos a la China. Pero el liderazgo socialista, ante la perspectiva de que el pueblo mejorando su economía levante cabeza y reclame derechos, queda paralizado de miedo. Así, la oligarquía que encabeza la familia Castro viene dando un paso adelante para dar dos pasos atrás. Y el proceso no avanza. Menos aún, porque a través de su proyecto llamado “socialismo del siglo XXI” desplegado sobre la región, alientan la esperanza de lograr la subvención económica sin la que no saben subsistir.

Pero el fracaso de este proyecto de dominio regional está dejando a la oligarquía cubana sin vías de escape. Un escenario, en el que lo más probable es que el régimen, al no lograr cambiar de régimen económico, termine muriendo de inanición. Lo que podría darse poco después de que sea desmantelado totalmente el “socialismo del siglo XXI” en Venezuela. La irracionalidad de la economía socialista, cada vez más degradada, terminará haciendo lo que Kennedy intentó y no pudo, derrocar a los Castro –lo que luego le orilló a firmar un acuerdo con la URSS para no tocar al régimen cubano a condición de que retiren los misiles atómicos que apuntaban su territorio desde Cuba (1962)–.

Corea del Norte, y su líder Kim Jong-Un, están en mejor situación que los Castro de Cuba. Corea del Norte socialista ha logrado reproducir la situación amenazante de los misiles con ojivas nucleares soviéticas apuntando a los EEUU desde territorio cubano. Hoy las bombas atómicas coreanas y sus cohetes constituyen un efectivo recurso de chantaje a la comunidad internacional.

Y está ocurriendo que al líder de Corea del Norte lo están encaminado, creo yo los capos de la China, a un acuerdo con los EEUU y Corea del Sur para que a condición de la desnuclearización de sus FFAA la comunidad internacional respete sus “derechos” de dominio sobre el pueblo coreano convertido en su feudo.

Ya de modo espontáneo, Corea del Norte ha venido imitando la estrategia china hacia el desarrollo abriendo sus puertas a la inversión extranjera directa, aunque con resultados esmirriados, por la imagen poco confiable propia de un régimen socialista naturalmente arbitrario. Limitaciones que serán superadas cuando firmen el acuerdo amistoso con “el imperio”, reproduciendo el acercamiento entre la China y los EEUU (de los años setenta del siglo pasado), un paso que los chinos dieron de espaldas a su aliado socialista, la URSS. Con esto, el liderazgo socialista de Corea del Norte espera arribar al mismo escenario de la China en vísperas de su gran despegue, haciéndose país atractivo para la inversión de las transnacionales. Generando así condiciones apropiadas para asentar su poder y dominio sobre el pueblo coreano sin temor a nada ni a nadie, y con la venia del “imperio”.

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