La Participación Popular incubó el ascenso al poder de Evo Morales, al incorporar al sistema político corrupto al liderazgo provincial y rural indígena

Resultado de imagen para corrupción bolivia

La Participación Popular, de la que se enorgullecen los movimientistas, fue concebida en el marco del populismo socialista. En la idea de que nadie salvo el poder político puede llevar el país hacia el desarrollo.

Pero ocurre que con esta pretensión, antes que darle dinámica de prosperidad al país, incorpora al liderazgo popular provincial, rural e indígena (antes marginal) al corrupto sistema político del país. De ese modo degrada el tradicional rol social de las élites de nuestros ayllus, al convocarles a participar del festín de la corrupción en la administración del Presupuesto General del Estado. Efecto pernicioso que terminó dañando sin remedio al liderazgo de los pueblos indígenas, cuyos caudillos, mayormente, viven hoy a la pesca de granjerías del reparto político, sea en las filas de la oposición o, mejor, en las del partido en el poder.

El brutal incremento de la corrupción y la multiplicación  de los corruptos en el país, de las últimas décadas, se da al impulso de la Ley de Participación Popular del gobierno “neoliberal” del MNR de Sánchez de Losada.

Un Vicepresidente, defendiendo la disposición populista y sus efectos de corrupción, decía: “Esta bien pues que roben, es nuestra gente”. Bajo este criterio, que no es del todo extraordinario, dicen algunos teóricos que se ha democratizado el acceso al reparto de los recursos públicos. Cuando en realidad lo que se ha democratizado es la corrupción.

Así es como venimos cultivando un escenario social donde no importan ni ilegalidad ni inmoralidad. Donde hasta quienes se dan de orientadores de la opinión pública han perdido de vista que la corrupción no aporta al producto social. Que robar no es producir. De hecho, en esta lógica, entre la población se suelen decir cosas como: “Si hacen obras, que roben pues”, o, “Ahora ya les toca a otros, no es justo que ellos nomas se beneficien del poder”.

De este modo es que los bolivianos terminamos cultivando vicios antes que virtudes. Y con impacto definitivamente degradante de las potencialidades del país. Porque, antes que la escasa capacidad de acción productiva de nuestros recursos humanos, pesa la mala orientación asumida.

Súmese a esto la función de ejemplo que la corrupción de los administradores del estado, tiene sobre la población, al ver cómo se enriquecen impunemente a ojos vista con el fruto de sus latrocinios. Visión de la realidad de la que la población saca por fuerza la enseñanza de que poco valen estudios y capacidad productiva frente al prometedor escenario político. El escenario natural de la maña y la astucia aleve.

Con lo que el país ve degradarse aún más su ya esmirriada capacidad productiva.

La Participación Popular le ha hecho al pueblo boliviano un daño difícil de reparar, constituyéndose además en recurso de persistencia de la cultura colonial del saqueo que hoy se ejerce desde el poder mediante la corrupción, con actores y beneficiarios de todas las etnias, clases y regiones. Incluidas las personas que se decían “La reserva moral de la Humanidad”. En fin, cosas de nuestros socialistas, como refiere Carlos Hugo Molina uno de los artífices de la Ley de Participación Popular.

Resultado de imagen para participación popular

“A los 24 años de aprobación de la Participación Popular”

(Extractado de: Los Tiempos)

<< Resulta sencillo hacer referencia al camino recorrido aunque habrá que recordar que no fue así. La calificación de ley maldita, la resistencia natural de algunos grupos políticos, cívicos y sindicales, la variante de fortalecer la base de la democracia, la comunidad y el municipio sobre los cuales se radicó la autonomía, y la transferencia de recursos reales que resultaba complicado ya que unos años antes habíamos atravesado una de las hiperinflaciones más grandes del mundo, generaron una resistencia comprensible.

[…]

Por justicia, hubiera sido imposible lograr el resultado sin el respaldo de Gonzalo Sánchez de Lozada y Víctor Hugo Cárdenas, honor a ellos que lo repetiremos siempre, facilitaron y superaron con sus decisiones las dificultades propias de una coalición que no tenía control en el centro de las propuestas, primero, y en el proceso de aplicación después. De los 22 nombres que compartimos la creación, 14 veníamos del calor del Oriente, exuberante e indómito, y habían otros, poco públicos como Miguel Urioste, Enrique Ipiña, Sonia Montaño, Herman Antelo que estuvieron en la primera línea.>>

Add a Comment

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *