La onda fascista en la que encaja la estrategia del “socialismo del siglo XXI”. Un problema estructural de las modernas democracias representativas

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Lo que exige reformas estructurales en la democracia representativa en boga. Cambios que deberían orientarse a limitar la autonomía de las élites políticas capaces de imponer su voluntad por encima de los intereses de la inerme ciudadanía. Sin duda el problema fundamental de las democracias modernas y no sólo en los países de democracia incipiente.

Urge introducir en los sistemas políticos y de gobierno mecanismos que potencien la participación de los ciudadanos enfocada principalmente en el conocimiento y control de las acciones de sus gobernantes. Tal como propone el Programa Social Libertario. De manera que las responsabilidades de las autoridades para con sus pueblos no dependa sólo de su buena voluntad, que puede ser muy escasa, sino de condiciones objetivas que orillen a las mismas a un comportamiento responsable y afín con los intereses de la sociedad lo quieran hacer o no.

La democracia representativa actual viene derivando casi de modo natural en creciente poder y autonomía para las élites y la marginalidad de la voluntad popular al punto de alentar la formación de estructuras fascistas incluso en países de larga tradición democrática. Una expresión de la lógica del poder político orientado naturalmente en la perspectiva de su sostenimiento sobre la base del incremento del dominio y control del entorno político social.

Una lógica que explica el fracaso del socialismo marxista en su perspectiva de llevar a la sociedad a un sistema carente de estado. Yendo por el contrario a una suerte de feudalización del poder político, a semejanza del fascismo. Un riesgo nada ausente incluso en países de larga tradición democrática, como una penosa práctica sostenida en las democracias incipientes de los países subdesarrollados:

<<Y la democracia puede ser una herramienta perfecta para legitimar a un dictador. Es lo que está sucediendo en Rusia, Turquía, Hungría, Polonia: un autócrata gana las elecciones. Luego comienza a hacer cambios en la constitución, para tener más poder. Un tercer paso es ubicar a todos sus compinches en las instituciones, reducir la independencia de la justicia, controlar los medios de comunicación, y así sucesivamente. El cuarto paso es actuar en nombre de la mayoría, contra las minorías.>>

Esto no es nuevo en la historia. Rudolf Hitler y Benito Mussolini al principio fueron elegidos. Son muchos los “hombres de la providencia” que cierran filas…>> (Savio, Roberto: “Trump está aquí para quedarse y cambiar el mundo“, IPS, 2018)

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