La izquierda, cada vez más confundida navegando en su “chairo” conceptual

Con la teoría marxista ya desahuciada no tiene a qué arrimarse

Por Walter Reynaga Vásquez

De confusión conceptual da evidencia el economista chileno y profesor de Cambridge, José Gabriel Palma en la entrevista que concede a Pablo Álvarez y Jonás Romero, al atribuirle al “neoliberalismo” (que parece entender como libre mercado y empresa privada) la realidad económica de los países latinoamericanos, según el mismo definida por el “rentismo parasitario”, los “mercados no-competitivos” que derivan en ventajas para las grandes empresas, que se enriquecen sin tener que someterse a las exigencias “del capitalismo”, a la competencia propia del mercado:

<<Aquí, expone sus críticas al que llama neoliberalismo “rentista”, el cual “busca desesperadamente crear mercados no-competitivos para que las grandes corporaciones puedan disfrutar las ventajas del capitalismo, sin tener que esforzarse por sus ‘exigencias’”, dice.>>

Esto es, que los grandes empresarios o la gran burguesía buscan socialismo para ellos y capitalismo para los pequeños empresarios como las PYMES. Privilegios que se dan, dice Palma, capturando el poder político:

<<El motto más apropiado para los grandes rentistas y depredadores en recursos naturales, los parasitarios en pensiones, etc. es “Socialismo para nosotros, capitalismo para los demás”. Quieren cuadrar el círculo: generar ganancias astronómicas con un mínimo de inversión y esfuerzo. Y lo han logrado, capturando a los gobiernos y domesticando a la “nueva izquierda”,>>

Con lo que parece salir en defensa de la economía de libre mercado, rechazando la intervención del estado a favor de las grandes corporaciones. Para luego en contraposición asumir que esta situación intervencionista es cosa del “neoliberalismo”. Lo que sería comprensible si tomara a este tipo de política económica (que muy pocos se dan a precisar qué significa) como una variante de la socialdemocracia, como corresponde:

<< En efecto, el término neoliberalismo surge en la Conferencia Waltr Lippmann celebrada en París en 1938. Pero el término neoliberalismo no lo acuñan —ni aceptan— Hayek o Mises, sino el alemán Alexander Rüstow. Precisamente, Rüstow empleó el término neoliberalismo para oponerse al liberalismo clásico y como un intento de articular una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo. Por ejemplo, en su libro El fracaso del liberalismo económico, Rüstow escribe: “Los neoliberales estamos de acuerdo con los marxistas y socialistas en que el capitalismo es imposible y necesita ser superado. También creemos que ellos han demostrado que un exceso de capitalismo conduce al colectivismo”>>

Pero, el señor Palma no hace esto, antes y por el contrario asume sin explicación alguna que el “neoliberalismo” implica libre mercado:

<<Entre los tantos problemas del neoliberalismo uno de los peores es su rigidez ideológica. Pase lo que pase en el mundo, sean las que sean las distorsiones y fallas de mercado, cambie lo que cambie el paradigma tecnológico, se sigue repitiendo la misma majadería neoliberal de hace medio siglo.>>

En la entrevista que estamos comentando, le preguntan a Palma:

<<“¿cuál sería una forma de revertir el panorama general que está viviendo América Latina? -Si tanto les gusta el capitalismo, ¿qué tal, al menos, dejar que sea uno competitivo y eficiente, y no uno al servicio de rentistas y parasitarios?>>

Y Palma no atina a responder nada. Nada que pueda ser tomado como una propuesta de política económica alternativa. Lo que no tendría que extrañar, dada la confusión conceptual de que hace gala. No más que una muestra de la crisis teórica extrema en la que está sumida la intelectualidad de izquierda en todo el planeta.

¿Y cómo no habría de estar dando manotasos de ciego en la obscuridad, cuando toma por capitalismo de libre mercado (eso que llama “neoliberalismo”) una realidad de claro sometimiento de la economía al poder político? Palma pierde de vista que lo esencial, lo propio de la economía capitalista, que cristaliza en los últimos tres siglos, es la primacía del mercado sobre las “relaciones sociales de producción” (Marx) de primacía del poder político. Formas de organización estructural de la economía y la sociedad que dominaron la historia de la economía desde cuando se dio paso al poder político, al estado, como instrumento central de la organización y vida de la sociedad. Así como pierde de vista que el mercado implica propiedad privada sobre los medios de producción (incluido el trabajo), por ser esta la única forma en la que las gentes podrían disponer sus bienes y servicios para la compraventa, entendida como un contrato voluntariamente asumido entre las personas involucradas. Pero, Palma parece ignorar la verdad de estas precisiones, o simplemente las pasa por alto. Lo que explica su vacío a la hora de pensar algo alternativo a la economía de mercado.

Y no pasa sólo con Palma, la izquierda heredadera de Marx no atina a seguir rumbo alguno que le permita lergeñar siquiera un rudimento de “modo de producción” (Marx) alternativo, ni al modelo sooviético, ya fracasado, ni al capitalismo. Porque eso de reclamarle al sistema mejores salarios y beneficios sociales, subvenciones, la defensa del medio ambiente y las minorías como los inmigrantes, los homosexuales y las especies en extinción… no pasa de ser reclamos por matizar el mismo sistema capitalista, con lo que no rebasan las trajinadas ideas del keynesianismo y la socialdemocracia. Cosa que hacen con entusiasmo revolucionario, con la esperanza de orillar al sistema a niveles insostenibles para dar paso a una revolución, esa es su esperanza, que no saben a qué podría confucir. Cosa que vienen logrando en países desgraciados como Cuba o Venezuela… arrastrándolos a la desgracia. Con lo que su ruta no difiere en nada de la ruta de frustración y fracaso que inauguraron en Rusia en 1917, los bolcheviques comandados por los Lenin y Trotsky.

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