La farsa keynesiana del gobierno socialista de Evo Morales: la economía dinamizada por el doble aguinaldo

Por Walter Reynaga Vásquez…

<<Hemos decidido que mientras la economía siga creciendo por encima del 4,5%, a partir de esta fecha nuestros trabajadores del sector público y privado tendrán doble aguinaldo.>> (Evo Morales, 2013)

1.

Meter al escenario más dinero, a título de “doble aguinaldo”, en función de aumentar la demanda sería racional siempre y cuando la distribución estuviera sesgada a favor de los empresarios en desmedro  de sus trabajadores, o que la cantidad de circulante estuviera por debajo de los requerimientos del comercio. No es el caso. Por el contrario, como efecto de disposiciones gubernamentales sostenidas estableciendo “salarios mínimos” ascendentes, trabas al libre ejercicio de la actividad comercial, un ambiente de inseguridad jurídica en el marco de una ideología estatizante y contraria a la empresa privada, más una creciente carga tributaria legal, y mayormente ilegal (por corrupción) la distribución del producto viene sesgado a favor de los trabajadores, del Estado y sus autoridades. No de todos los trabajadores ciertamente, sino en beneficio de un grupo privilegiado de no más del 15% de la población económicamente activa.

De este modo, la política económica de tono socialista presiona al sistema hacia el incremento de los costos en desmedro de la productividad, el ahorro y la inversión.  Esta última, la inversión privada, especialmente perjudicada por los kilométricos trámites de licencias, autorizaciones y coimas que pagar a una burocracia corrupta –que parte del criterio de que todo proyecto de inversión privada tiene que compartir “por solidaridad” con las autoridades las ganancias…–. Si agregamos a este escenario la escasa racionalidad económica de las inversiones realizadas en los años de gobierno del MAS –orientada más por motivos políticos y por la corrupción–, además de la sobrevaluación de la moneda nacional tendremos el cuadro de una receta perfecta de freno a las fuerzas productivas, estancamiento y crisis.

Pero, se dirá que estas previsiones contradicen la realidad de una economía que viene creciendo en torno al 4% de manera sostenida (aunque con tendencia al descenso).

No hay tal contradicción si como corresponde fijamos nuestra atención en la dinámica antes que en la situación, en que “la verdad del momento actual es el momento, siguiente” (Hegel). Esto es, que detrás de un momento positivo bien puede venir otro de signo contrario y viceversa. Tal como efectivamente ha sucedido con la economía de Venezuela socialista. La que habiendo llegado a crecer hasta el 17,2% (2004), y varios años más a tasas espectaculares, a partir del 2014 entra en crisis sostenida, al punto de que al 2018 el PIB habría descendido en más del 50%.

Según se puede apreciar, en el modelo económico del socialismo del siglo XXI, el momento de crecimiento alentado por el derroche y las multiplicadas inversiones del estado en el marco de la corrupción y el saqueo de los recursos públicos, mientras se acosa y ahoga a la empresa privada, deriva en un siguiente momento donde la irracionalidad acumulada lleva al sistema a la crisis. Una situación que se desencadena en la medida en que disminuyen los recursos obtenidos por el gobierno con el incremento espectacular de los principales productos de exportación.

Pero el tema da para más, pues cabe preguntarse, ¿la potencialidad de la economía boliviana, no da para más de un crecimiento en torno al 4% anual ? La experiencia reciente de varios países de los cinco continentes del planeta, entre ellos China, India, Chile, Irlanda, Hong Kong, Singapur, Perú… indica que las posibilidades de crecimiento en países como el nuestro bien pueden llegar a niveles entre el 7% y el 15% anual –Chile de Pinochet llegó a crecer hasta el 15%–. Una posibilidad que en el país estaría siendo frenada por las políticas socialistas del gobierno de Evo Morales, que ha llevado la tradición estatista, cultivada desde hace más de 70 años en el país, hasta niveles inéditos.

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2.

Pero las consideraciones económicas no parecen ser los criterios relevantes en las decisiones que determinan la política económica del gobierno del MAS. Cosa habitual en regímenes socialistas, como los de Venezuela, Argentina… Para Evo Morales cuenta más el de rescatar apoyo popular en medio de un proceso acelerado de deterioro de su capacidad de despertar simpatías entre el electorado. Lo que pasa por asegurar el apoyo de los allegados y militantes del partido de gobierno, mayormente empleados en el abultado sector público, que vienen a ser casi el 50% de los que recibirán el doble aguinaldo.

De este modo, cuatro millones de trabajadores, de los cinco y medio millones que constituye la fuerza laboral del país, se quedan mirando, no sin envidia, la suerte de los privilegiados que están empleados o en el gobierno y sus empresas.

3.

Una realidad que muestra la condición premoderna de la economía del país. Esto es, precapitalista, un escenario donde prima el estatismo, socialista, sobre los afanes de una población que busca desarrollar una moderna economía de mercado, yendo contra el viento y la marea levantadas por el populismo totalitario, llamado “socialismo del siglo XXI”, una verdadera incubadora del desastre económico como muestra su mejor expresión, Venezuela.

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