La estrategia izquierdista del momento: “El socialismo del siglo XXI” no es socialismo

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“La ruina de Venezuela no se debe al ‘socialismo’ ni la ‘revolución” (Shuterland, Nueva Sociedad)

Ante el desastre socialista y en procura de salvar el honor y algo más, los ideólogos marxistas se han lanzado al aire en una gran pirueta circense con la esperanza de rescatar la ideología marxista. Con astucia poco disimulada vienen cambiando de postura, proclamando que los regímenes izquierdistas de Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Argentina y Brasil, que un día loaron, en realidad, no son socialistas. Que ni siquiera lo es la Cuba de la familia Castro. Y que lo que ocurrió en la URSS y persiste en Corea de Norte… es otra cosa. Un afán en el que  finalmente juran que “el verdadero socialismo” no ha llegado todavía a existir.

Así, creen estar poniendo las bases de una hipotética nueva resurrección del socialismo en el planeta. Pero, en su tradicional estilo, lo hacen una vez más sin respeto alguno con la objetividad y la verdad, y con desprecio olímpico por los intereses de la humanidad, por las masas sufrientes de los países pobres, atrasados… y socialistas. Pero no lo hacen sólo por amor a Marx. Para esta gente pesa más el afán de conservar los macanudos lugares que suelen acaparar en los escenarios académicos, el periodismo, los partidos políticos, las ONGs y los gobiernos. Todo un estilo de vida no exento de glamour y buen dinero expuesto con adornos populistas como eso de: progresistas, de izquierda, socialismo, comunitarismo, antiimperialismo, anticapitalismo, etc.

Sin embargo, una vez más, sus argumentos son calculadamente falaces. Como los de Manuel Shuterland que publica en Nueva Sociedad: “La ruina de Venezuela no se debe al “socialismo” ni la “revolución” (2018). Un trabajo en el que el relato descriptivo de lo que viene sucediendo con la economía venezolana con Chávez y Maduro es atinado, pero, no la interpretación:

<<En estas líneas, quisiéramos mostrar que la política económica bolivariana dista mucho de ser «socialista», e incluso «desarrollista». Lo que a las claras se observa es un proceso de desindustrialización severo en favor de una casta importadora-financiera que, con un discurso enardecido y un clientelismo popular vigoroso, ha acelerado de manera drástica la fase depresiva del ciclo económico capitalista de un proceso nacional de acumulación de capital basado en la apropiación de la renta hidrocarburífera.>>

Interpretación en la que elude las cuestiones fundamentales para poner de relieve circunstancias y asuntos derivados. A qué nos referimos, enfocando su alegato en “síntesis”:

  1. Que las estatizaciones, que no niega, han beneficiado a la burguesía… Quizás. Pero aun así, no se puede negar que tales estatizaciones son movidas del poder político en procura de poner la economía bajo su control y dominio. Y, esto precisamente es lo propio del socialismo marxista, tal como manda Karl Marx en su libro: “El manifiesto del partido comunista”.
  2. Que, “menos socialista” ha sido el fraccionamiento de la “banca estatal”… Una vez más, se trata de lo estatal, del capital financiero en manos del estado administrado por el gobierno. Y esto no es otra cosa que puro y duro socialismo. El poder político a cargo de la economía.
  3. Que, “Un proceso de industrialización estatal masivo y a gran escala es la base de todo gobierno que se precie como desarrollista o socialista, pero en Venezuela se hizo lo contrario.” El discurso y la intención del gobierno fue industrializar, otra cosa es que no lo haya conseguido. Como no lo ha conseguido Cuba en casi 60 años de intenciones de industrialización socialista, ni Corea del Norte… Aquí nada tienen que ver el mercado ni la iniciativa privada. Fue que el poder repartió capitales bajo el signo de la corrupción y el absurdo, o en afán de subvencionar la insostenible economía cubana. Es un problema de la política, no de la economía.

En suma, lo que viene sucediendo con la economía venezolana es una manifestación más del socialismo. Del socialismo marxista y no tan marxista, porque no se puede negar que el “socialismo del siglo XXI” tiene pintas del socialismo fascista y de alianza con el narcotráfico asumido como elemento estratégico antiimperialista y revolucionario.

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Lo que define al socialismo (y lo distingue del capitalismo) es el sometimiento de la economía al poder político. En la medida de este sometimiento tendremos socialismo. Y de esto tiene mucho el “socialismo del siglo XXI”. Y Shuterland, lo confirma, para Venezuela:

<<… La «edad de oro» económica coincide con los momentos en que el movimiento político bolivariano se muestra más agresivo, empieza a hablar del «socialismo del siglo xxi» (2005), lanza planes de integración comercial (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, alba) y emprende un proceso de estatizaciones de algunas grandes empresas industriales y de servicios, en rubros como cemento, acero, telecomunicaciones, banca y minería.>>

Shuterland y los que como él persisten en la senda del socialismo, tienen que reconocer que en América Latina estamos viviendo las sobrenaturales manifestaciones de un cadáver insepulto: el proyecto revolucionario de Karla Marx.

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