Intromisión del estado en la economía: alimento del conflicto y la ingobernabilidad de los países de América Latina

Por Walter Reynaga V.

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Ahora le toca al Ecuador y al gobierno de Lenin Moreno, el conflicto resultante de su intento de rectificar la distorsión de los precios del combustible. Una bomba de tiempo que amenaza también al gobierno de Evo Morales en Bolivia. Y no es Lenin Moreno el causante del problema, sino, el régimen del socialista Correa. Pero es el que paga el pato de la boda.

<<Una parte de la brutalidad de las medidas económicas y del insólito raquitismo de las compensaciones (solo dos días después de las protestas lideradas por los transportistas se anunció que se revisaría el costo de los pasajes) provino de la presión fiscalista y de la temeraria austeridad a la que nos tiene acostumbrados la sabiduría del FMI. Pero otra parte se originó en una genuina y sincera ceguera vernácula ante el peso del sacrificio que se les exige a los pobres.>> (Pedro Ospina Peralta: “Ecuador contra Lenin Moreno”, Nueva Sociedad, Oct. 2019).

La conflictividad diaria de los países latinoamericanos y sus graves problemas de ingobernabilidad se originan, precisamente, en la intromisión del gobierno en la economía. Cosa que hacen bajo el rótulo de “en favor de la economía de los más pobres”, o “por el bien de la patria…” Clisés que suelen ocultar los intereses políticos de las élites en el poder en procura de afincarse en el gobierno y enriquecer con los recursos del estado, sin tener que rendir cuentas.

La economía en manos del estado (es decir, el socialismo) necesita del absoluto dominio sobre la sociedad para poder llevar a cabo sus planes de desarrollo económico. Ahí no caben posibilidades de disidencia y oposición al cumplimiento del plan. Lo planificado tiene que cumplirse tal como se ha diseñado, disciplinadamente, a riesgo de su fracaso con impacto sobre el prestigio e imagen del gobierno socialista. Lo que explica la gran concentración del poder en el aparato del partido comunista y especialmente en su único e indiscutible líder, ya deificado. Así como la construcción de un poderoso aparato de represión (a más del de la ideologización), capaz de poner en su lugar cualquier brote de disidencia y oposición en germen. Esa es la experiencia del socialismo desde la URSS hasta sus últimos remanentes, como Cuba, Corea el Norte, Venezuela…

Para el momento histórico en el que surge el “socialismo del siglo XXI” no es ya posible instalar la dictadura simple y llanamente. Por lo que sus diseñadores se ven obligados a incluir la democracia, al menos en apariencia. Así, ven enormemente limitadas sus posibilidades de imponer sobre la sociedad instrumentos como los poderosos aparatos de represión clásicos del socialismo (marxista o nazifascista). Lo que deriva en debilidad del régimen e ingobernabilidad. Deficiencia que la están pagando los gobiernos de los Maduro, Ortega, Evo Morales… Problema que no tiene el régimen cubano, porque como viene de los tiempos duros del socialismo, ha logrado instalar un aparato de represión, incontestable.

Lenin Moreno está pues sufriendo del sometimiento estructural de la economía al poder político. Está padeciendo la herencia del socialismo de Correa. Mientras que el FMI, que habitualmente sale en defensa de los gobiernos populistas, con créditos para salvar sus habituales déficits fiscales e irresponsabilidad, esta vez vio bueno sanear la economía ecuatoriana.

Pero que quede claro, el problema deviene de la intromisión socialista en la economía, una verdadera incubadora de problemas económicos, sociales y políticos para los países. Los bolivianos vivimos día tras día los conflictos así originados, así es desde que tengo memoria. Si estas cosas no ocurren en países como los EEUU es porque la intervención del estado en la economía es mucho menor.

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