En la economía de mercado los títulos pueden ser irrelevantes, en la economía estatizada son valiosos…

Por Walter Reynaga Vásquez//…

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Tal como revela la noticia:15 grandes empresas que no exigen un título universitario a sus empleados (Yahoo Noticias, 31-08-18).

En Bolivia, para ser alguien en la vida hay que tener título profesional, salvo raro y extraño caso excepcional (como Evo Morales y García Linera). De ahí que  la juventud de clase media ande empeñada en obtener licenciaturas, maestrías y doctorados. Al punto de haberse convertido los cursos de posgrado en áreas de gran rentabilidad tanto para las universidades privadas como para las públicas autónomas.

En la última década, el que más como el que menos carga en su file varios títulos profesionales así como innumerables certificados de cursos, cursillos, seminarios, conferencias… Y es que la gordura del file profesional defina la posibilidad de ganar una postulación, y el ansiado empleo.

Pero, extrañamente, no ocurre lo mismo en las economías de los países desarrollados. Ahí sucede que logran empleo y buenos sueldos en empresas prestigiosas incluso quienes carecen de todo título universitario. ¿Cómo?

La explicación es simple. En estas empresas, para las que puede no contar el título a la hora de contratar un profesional, lo que vale es la capacidad laboral, la potencialidad productiva de la persona. Cualidades de las que el título es sólo un indicador, que no una garantía. Y es comprensible, porque produce el trabajador, no sus títulos. Y a los dueños y gerentes de la empresa privada, si algo les interesa, es la producción, la que ha de reportarle ganancias.

En tanto que en nuestro país, donde el principal empleador de profesionales es el estado, sean en la administración pública o en las empresas estatales (incluidas las de educación, salud, policía…) lo que menos importa es la producción. Antes, pesan motivos como: dar empleo a los militantes del partido, a los parientes y amigos, y mayormente a quienes estén dispuestos a pagarle la coima correspondiente a la autoridad que lo contrate. Es ahí que cuentan los títulos profesionales para disimular la contratación de gente inepta e innecesaria.

De ahí que la administración pública y las empresas del estado estén llenas de empleados que no saben hacer su trabajo y en cantidades abrumadoras. Gente que termina configurando un pesado lastre para el presupuesto fiscal, mientras la producción decae, las empresas estatales se hacen deficitarias, producen menos de lo que gastan y la economía padece.

En suma, poca cosa, sólo se trata de lógicas institucionales distintas entre la empresa privada y la estatal o la oficina pública. Pero, con efectos definitivos. En un caso, trayendo prosperidad y riqueza, mientras en el otro llevan a la decadencia y la pobreza. Esto explica las diferencias entre países capitalistas y países de economía estatizada, entre capitalismo y socialismo. Explica la pobreza y atraso de Bolivia como la riqueza y formidable desarrollo de países como Suiza, Singapur, Suecia, Hong Kong, Corea del Sur, etcetera.

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