El socialismo que no pudo ser. El pretendido por Marx

Por Walter Reynaga Vásquez —

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“Socialismo utópico” dice Ivan Finot (Página Siete: “El socialismo utópico de Marx”, 19-04-2017). Y parece tener razón. La maravillosa sociedad que anunciaba Marx, en la práctica termina en una penosa realidad muy distinta a la pretendida.

¿Por qué fracasa el sueño de Marx? Finot se refiere a la estrategia de construcción del socialismo consistente en la estatización de los medios de producción. La que viene ligada a la planificación central reemplazando al mercado y la concentración del poder. Esta última, derivada de la exigencia de unidad de mando para conducir la economía según planes. Unidad de mando que repudia toda diferencia, disidencia u oposición por el riesgo de desviar la ejecución del plan. De ahí la dictadura.

Son estas las condiciones estructurales de la sociedad soviética, que luego copia China como la Europa oriental y los otros países del “campo socialista”. El “modo de producción socialista”, que reemplaza revolucionariamente al modo capitalista o burgués, cuyo fracaso ya fue anunciado de modo explícito por Ludwig Von Mises (El socialismo: un análisis económico y sociológico, 1922), afirmando que sin el mercado será imposible asignarle valores a los bienes y servicios, imposibilitando el cálculo económico y la planificación atinada de la actividad productiva. Mises, no se equivocó.

Otro factor de la degeneración del socialismo estriba en que la revolución no toca las condiciones que derivan en la tradicional distribución asimétrica del poder político, entre gobernantes y pueblo. Fuente de privilegios para los del poder como de miserias para los del llano. Es más, antes que cambiar esto, lo que hace es reforzar las condiciones que alimentan esta asimetría. De este modo es que los jefes del gobierno socialista se constituyen en verdaderos déspotas, llegando al punto de instalar señoríos y dinastías (como se ve en Corea del Norte y Cuba) rodeadas de cortesanos –la nomenklatura soviética, los “arrimados” en Venezuela socialista…–. La asimetría que siendo un problema de las democracias capitalistas es mucho mayor en el socialismo. Así es cómo la revolución socialista llega a transitar senderos definitivamente retrógrados.

La teoría social de Marx parece alimentarse de mitos elementales, como la de suponer que el orden nace de un agente ordenador. De ahí que hablen de anarquía refiriéndose a la economía de mercado. No pueden concebir que la naturaleza del universo no requiere de ordenador (Dios) para generar orden. Así, Marx ve prudente que la humanidad tome las riendas de la historia en sus manos para llevarla hacia sus mejores realizaciones. No concibe a la economía moderna como la realidad fluida que es, rehaciéndose constantemente. Tal como el sistema de precios, y cada precio, emergiendo de relaciones cambiantes. Que tal realidad excede a la capacidad cognoscitiva y planificadora humana. Es más, que la cuestión del precio no se reduce a ser asunto de mayor o menor conocimiento –como cree Heinz Dieterich, que propone apelar a la informática para calcular “el tiempo de trabajo socialmente necesario” de cada mercancía–, sino, que el problema alcanza dimensión ontológica, que el precio no existe sin la realidad que la forma, el mercado.

Otro mito del marxismo, que lo lleva a la categoría de ideología popular, es la de suponer que la sociedad de un país, equivale a una familia. Y, que en consecuencia, el padre de familia es a su prole lo que el jefe y líder del gobierno revolucionario es a su pueblo. Que este, en su bondad, sabiduría y previsión conducirá a la colectividad con leyes a favor de las masas obreras y la sociedad en su conjunto, y que todo irá de maravillas. Pero, la realidad ha demostrado que no es así. En la familia, la conducta de sus miembros obedece a leyes genéticas, que ya no cuentan para la población de un país. “Padrecito Stalin”, decían las masas soviéticas a quien los llevó a la hambruna. Una inconsistente derivación que cabe en la mente de los herederos ideológicos de Marx, al no haber este diseñado suficientemente el curso del proceso de construcción del socialismo y el comunismo.

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