El problema no es la privatización. Es la corrupción. China privatiza, y se desarrolla hasta equipararse con EEUU

Por Walter Reynaga Vásquez

Una senadora del MAS, en declaraciones en radio Panamericana (15-01-18), aprovecha la presentación del informe de comisión legislativa que investigó la “capitalización” y privatización de las últimas dos décadas, para enrostrarle al “neoliberalismo” el daño que habrían supuesto para el país.

La dama habla en la idea de que el “neoliberalismo” implica empresa privada y economía de libre mercado.  Y su afán no es otro que reafirmar la validez y legitimidad de la política socialista de nacionalización y estatización de la economía. A la que identifica con los intereses de la patria, mientras que a la privatización la identifica con el mal y la “antipatria”. Claro está, lo que hacen en función de sus pretensiones de época electoral, en procura de adornar a sus candidatos, Evo Morales y García Linera (candidatos ilegales) dándoles la calidad de paladines de la nacionalización. Y a los opositores asignándoles el mote de privatizadores “vende patrias”.

Pero ahí no queda el motivo por el que los masistas están removiendo los asuntos de la “capitalización” y la privatización. Es que no pierden la esperanza de sacar a Carlos Mesa, su principal contrincante, del juego electoral judicialmente.

  1. ¿Pero, es mala la privatización?

China privatiza desde 1978, cuando liquida las “comunas” campesinas y da paso a la iniciativa privada campesina logrando así un boom de crecimiento en la producción agropecuaria. Experiencia sobre la que continúa en la línea de cambio hacia la economía capitalista para convertirse a estas alturas en el país de más rápido y sostenido crecimiento productivo al punto de disputarle ya a los EEUU su primacía sobre la economía mundial.

He aquí un resumen de los logros de la privatización en la China:

<< Actualmente el sector aporta más del 60 por ciento del crecimiento del producto interior bruto (PIB) y genera más de la mitad de los ingresos fiscales del país asiático, de acuerdo con el director de la Federación Nacional de Comercio e Industria de China, Gao Yunlong. Entre tanto, más del 60 por ciento de la inversión en activos fijos y la inversión en el exterior del país se han hecho por parte de inversores privados, dijo Gao en una rueda de prensa celebrada coincidiendo con la primera sesión del XIII Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh). La economía privada también está desempeñando un papel mayor en la creación de empleo y en la innovación en China, al ser el origen de más del 80 por ciento de los puestos de trabajo y aportar más del 70 por ciento de la innovación tecnológica y los nuevos productos, apuntó Gao. Indicó que el año pasado más del 90 por ciento de los nuevos empleos fueron creados por empresas privadas. Al cierre de 2017, había 65,79 millones de negocios de propiedad individual y 27,26 millones de empresas privadas en China, que daban empleo a unos 340 millones de personas.>> (Xinhua: “hSector privado de China contribuye considerablemente a crecimiento económico…”, 2018) 

Cabe poner de relieve también el haber alejado la pobreza espectacularmente en sólo unas décadas: “Cómo la China redujo la pobreza del 80% al 10%”.

Otro de los efectos notables, por indirectos y no buscados, está en su impacto en la calidad del manejo y gestión de las empresas estatales:

<<“La oleada de privatizaciones y transformaciones que ha experimentado China ha hecho más eficiente el mercado laboral, mejorando la productividad de las empresas ligadas al Estado en un 70%”, explica el informe.>>

Aunque, el sector de empresas públicas seguiría arrastrando lastre de ineficiencia y corrupción:

<< En 2016, el FMI alertó a las autoridades chinas sobre el endeudamiento excesivo de las empresas del país, especialmente las empresas públicas: mientras que la deuda estatal y de los hogares sigue siendo razonable (40% del PIB cada una), las empresas alcanzan el 145% del PIB; sin embargo, solo las empresas estatales representan el 55% de la deuda corporativa total, mientras que su participación en la producción total en el país es solo del 22%.>> (Wikipedia: “Economía de la República Popular de China”).

Y tan bien les está yendo a los chinos en la ruta de la privatización y el libre mercado que su gobierno se complace en mostrarse como adalid del libre comercio en el mundo, en contraposición, dicen, de Donald Trump. Es en esta misma línea que el “Gobierno Chino felicita a Bolsonaro y aguarda privatizaciones.” Con la esperanza seguramente de llevar inversiones al Brasil, ahora empeñado en dejar atrás los afanes “socialistas del siglo XXI”.

La experiencia china sólo está confirmando el hecho histórico repetido cien veces de la empresa privada y el mercado llevando a los países hacia el desarrollo y el enriquecimiento. No otra cosa que la era capitalista inaugurada por Inglaterra hace no más de un par de siglos atrás. Una virtud reconocida, para asombro de nuestros marxistas, incluso por Karl Marx, en el “Manifiesto del Partido Comunista”, 1848.

Para terminar este enfoque: ¿conocen algún país que confiando su economía al libre mercado y la empresa privada no hayan alcanzado desarrollo y riqueza? Y, por el otro lado, ¿conocen algún país que nacionalizando sus empresas y marginando al mercado hayan logrado desarrollo sostenible?

2. Pero en Bolivia la nacionalización puede ser tan mala como la privatización

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Porque en Bolivia, “capitalización” y privatización o nacionalización se hacen bajo el signo de la corrupción. Nuestros políticos en el poder saben sacarle provecho personal a cualquier oportunidad, y entonces para ellos en este afán, nacionalizar cuenta lo mismo que privatizar.

Tradicionalmente en Bolivia, la administración de la economía del Estado es asumida como un negocio privado al que hay que hacerle arrojar beneficios para la autoridad. Es ahí que prima la búsqueda de la coima, la mordida, el diezmo, el quinciño… definiendo qué se compra y qué se vende o contrata, a quién, en cuánto, etc.

Las autoridades bolivianas no dejan pasar ocasión alguna que les permita engordar sus bolsillos esquilmando al Estado o a la población. Excepciones habrán, y seguro que las hay, pero no son estos casos o personas las más notables ni visibles –es más, no suelen ser las personas con principios y criterios de honestidad las que se embarcan en la búsqueda del poder, sino los otros–. Es ahí que despliegan todo su talento y empeño, subsumiendo sus funciones oficiales a la corrupción. Prueba de esto son las organizaciones armadas por esta gente, verdaderas maquinarias bien trabadas, eficientes y firmes a diferencia de las organizaciones oficiales del gobierno y la administración pública, conocidas por su ineficiencia y escasa productividad.

De ahí que el partido o líder que dé lugar preferente a estas organizaciones delincuenciales gana en fortalecimiento porque la complicidad en el delito genera cohesión y unidad. ¿Acaso no lo estamos viendo en la fortaleza del gobierno del humilde campesino cocalero, llamado Evo Morales, militante de la izquierda, socialista, pachamamista y antiimperialista?

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