El problema fundamental de la educación: estar en manos de gente a la que no le importa la educación: gobernantes, maestros, Juntas Escolares…

 

Gobernantes, maestros, Juntas Escolares… cuya lógica de participación en el sistema educativo es contraria a los objetivos institucionales de la educación. Veamos.

  1. A los actores principales de la educación, los maestros, salvo excepciones, les interesa poco la calidad de su trabajo y resultados. Consecuencia de las políticas laborales socialistas que desechan el principio de organización social: “A cada cual según su aporte”. Esto es, que los salarios (bajos o altos) de los maestros no tienen relación alguna con la calidad de su trabajo y producción. En Bolivia, los maestros, conforme acumulan años de servicio ascienden de categoría y rango salarial, luego de un remedo de examen plagado de corrupción. El otro factor que induce a los maestros a la indolencia está en el hecho de que tienen el empleo asegurado de por vida, pues no pueden ser despedidos por cosas como deficiencias en su trabajo o incumplimiento de funciones o deberes…
  2. Los gobernantes en Bolivia, tradicionalmente están más volcados a sacarle provecho personal a sus cargos y potestades antes que cumplir responsablemente sus funciones. Salvo excepciones, los afanes de la corrupción se llevan lo mejor de las capacidades y voluntad de las autoridades. Así lo revela un informe de Lupe Cajías, referido al trabajo de los consultores de la reforma educativa de Sánchez de Losada: <<…aquellas consultorías que, aparentemente, no tuvieron los resultados esperados. ¿Por qué siempre se contrataba a unas mismas personas por valores de hasta un millón de dólares? Queremos el perfil de los contratados y por qué lo fueron”.>> (Lupe Cajías, encargada de la Vicepresidencia para combatir la corrupción, 2002). Es en este escenario que tienen lugar los ítems de “maestros fantasmas”, la asignación de ítems previo pago de coima, la compra de materiales e instrumentos que dan jugosas comisiones a los compradores, etc. Esto mismo explica el por qué de la política salarial socialista, la que permite a los profesores obtener un salario completo trabajando no más que tres horas por día, lo que les permite emplearse en otras actividades en procura de mejorar sus ingresos. De este modo los gobernantes eluden posibles acciones de los maestros por mejoras salariales
  3. De este escenario trasminado de corrupción no escapan las elites dirigentes de las Juntas Escolares conformadas por los padres de familia, y en especial sus organizaciones departamentales y nacionales. Cuyos líderes logran pingues beneficios coadministrando la asignación de nuevos ítems de maestros, así como la asignación y entrega de materiales e instrumentos adquiridos por los Municipios para las unidades educativas. En este ambiente ni las organizaciones sindicales del magisterio salen libres de sospecha, pues sus dirigentes han sido acusados de malos manejos de los fondos sindicales en varias oportunidades, cuando no por obtener beneficios en tratos subterráneos con el gobierno de turno.

La educación superior universitaria adolece de los mismos males, definidos por la corrupción entre sus élites dirigentes, docentes, administrativos y hasta estudiantes. Y con similares lamentables resultados.

Lo cierto es que en torno a la administración del presupuesto fiscal de la educación en Bolivia se han desarrollado intereses creados y organizaciones mafiosas a las que nada les importa la calidad de la formación que recibe los niños y jóvenes del país.

Con estos antecedentes y en conceptos marxistas (que placen a nuestra intelectualidad), diremos que el problema fundamental del sistema educativo del país está en el “modo de producción”: socialista. Y así como han fracasado los países que han adoptado este modo de producción, está fracasando la educación boliviana. De ahí que la afirmación del economista Gonzalo Chávez sea oportuna en cuanto al país: “Ir a la escuela es una gran pérdida de tiempo”. Esto es, en otros términos, que la educación fiscal en Bolivia es una estafa al Estado, las familias y a la juventud.

“Ir a la escuela es una gran pérdida de tiempo”

Extractado de: Página Siete – Gonzalo Chávez)

<< El Informe del BM estima que 1.500 millones de párvulos van a algún colegio por año en el mundo. Financiar esto representa el 5% del producto mundial, pero los resultados son vergonzosos.

En algunos países de África se pidió a alumnos del tercer grado que leyeran una frase muy sencilla como: el perro se llama Fito. El 75% de ellos no entendió lo que leía. En la India o en Brasil, los estudiantes tienen enormes dificultades de hacer operaciones aritméticas de dos dígitos. En Nicaragua, en  2011, de los alumnos de tercer grado, sólo la mitad pudo resolver la suma de cinco más seis. Bachilleres de América Latina no entiende textos universitarios básicos. [Y, ¿en Bolivia? Aquí ni siquiera existe evaluación de los resultados de la educación].

[…]

Si bien el BM no usa los datos del país, analizando realidades económicas y sociales similares sostiene que el hecho de que más niños y jóvenes vayan al colegio es una pérdida de tiempo y de recursos, pero sobre todo una gran injusticia, en especial para los hogares más pobres, porque a muchas familias se les ha dicho que la educación mejoraría sus oportunidades e ingresos.

Analizando los datos de varios países en vías de desarrollo,  el mensaje central del Informe del BM es que escolaridad no es lo mismo que aprendizaje.  Éste está en una gran crisis  económica y moral, de la cual prácticamente somos responsables todos.>>

Comentarios desde Facebook