El mito fundamental del marxismo y el populismo izquierdista

“SOMOS POBRES PORQUE ELLOS SON RICOS” —

Foto: Amancio Ortega, empresario español dedicado al sector textil. (EFE)

 

“Somos pobres porque ellos son ricos”. Afirmación populista de la que la “teoría del valor trabajo” y su derivación la “teoría de la plusvalía”, de Marx, pretenden ser explicación científica.

 

¿Explicación científica del mito? No, lo sería comprensible. Sino, una pretendida explicación del mito tomado por verdad. De donde resulta que Karl Marx trata de justificar una afirmación falaz de modo también falaz.

 

La teoría marxista del valor tiene deficiencias lógicas definitivas y errores fatales de correspondencia con la realidad (Cfr. Reynaga W. El valor cognoscitivo de la teoría del valor trabajo marxista para el sistema capitalista (Tesis de Grado), Filosofía – UMSA, 2012). Si este mito populista tiene una apariencia de verdad es porque corresponde a la realidad social de gran parte de la historia de la humanidad bajo “modos de producción” o sistemas económico sociales precapitalistas y socialistas. Otra es la situación en la economía de mercado. Donde, la fortuna de los potentados emerge mayormente de su aporte de producto y riqueza a la sociedad desde su condición de empresarios.

 

No pasa lo mismo con quien se hace rico desde el poder, que no lo hace produciendo, sino tomando lo que otros han producido de modo fraudulento. Es en este escenario, del enriquecimiento desde el poder, donde vale y se hace verdad la tesis de que “Somos pobres porque ellos son ricos”. La riqueza de los izquierdistas Maduro, Lula, Kirshner, Ortega, Morales… y otros capos de regímenes similares derechistas, es inversamente proporcional a la pobreza de los pueblos que gobiernan. Eso está mostrando la realidad.

 

El economista libertario Juan Ramón Rallo enfoca este asunto aportando no sólo criterios sino también datos sobre la realidad de la economía actual en el mundo, que aportan criterios sobre este asunto:

 

<<Si una persona acumula riqueza es porque otra está siendo expoliada y explotada: uno gana porque otro pierde. El núcleo del análisis económico marxista es justamente ese: analizar las relaciones parasitarias de unas clases sociales sobre otras dentro de los distintos modos de producción.

        Por fortuna, nuestra sociedad no es un juego de suma cero: en los últimos tres siglos, el PIB mundial (el valor del conjunto de bienes y servicios finales producidos cada año en el planeta) se ha multiplicado por más de 140 veces y la renta per cápita, por más de 12. No es que la misma riqueza se haya concentrado recientemente en unas pocas manos (de tal forma que unos pocos se hayan vuelto muy ricos a costa de pauperizar enormemente a muchos otros): es que la riqueza disponible se ha incrementado…>>

 

Somos pobres porque ellos son ricos, es el mito, la falacia que más rédito le ha dado al populismo en el mundo, permitiéndole arrastrar a la masas tras de sus afanes de ascenso y conservación del poder. Al punto de seguir siendo un problema fundamental para países como Bolivia o Venezuela en cuanto a sus posibilidades de desarrollo, arrastrando al error a notables talentos del país interesados en luchar contra la pobreza. Lo que explica el ambiente hostil contra los empresarios nacionales y extranjeros, reflejada en la escasa presencia de la inversión extranjera en el país –la misma que esta logrando el desarrollo y la grandeza de la China–. De donde resulta que ni producimos ni dejamos producir. Más aún, cuando la gente orientada por este mito llega a tomar el poder.

 

<<Si, en cambio, equiparamos riqueza con expolio y demonizamos a todo aquel que haya prosperado en la vida, estaremos adoctrinando a las nuevas generaciones para que no imiten tales modelos: los jóvenes mantendrán una relación traumática, inmadura o alucinógena con la generación empresarial de riqueza, de modo que o renunciarán a tal camino o lo seguirán con culpabilidad, aflicción e inseguridad. Los incentivos individuales se alejarán del interés general: el paradigma de ciudadano ejemplar será aquel que lucha políticamente contra los ricos, no aquel que desea volverse rico efectuando aportaciones singulares y valiosísimas a la sociedad.>>

Pero, la moda, antigua y persistente, puede estar pasando, como revela Juan Ramón Rallo, al menos para Europa:

<<Afortunadamente, parece que esta guerra cultural a favor del pobrismo no está triunfando ni siquiera dentro de España: una reciente encuesta de Educa 20.20 y Fundación Axa, en la que se entrevistó a 5.800 adolescentes entre 16 y 19 años, recoge que las personalidades a las que desean imitar las nuevas generaciones son empresarios exitosos como Amancio Ortega, Bill Gates o Steve Jobs. No revolucionarios sanguinarios como Lenin, Castro o el Che, sino los promotores de los modelos de negocio más auténticamente revolucionarios de las últimas décadas.>>

(Cit. Juan Ramón Rallo: “Amancio Prada un referente para los jóvenes”, 31-07-17).

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