“Diálogo en Panamericana” pone en evidencia la pobreza intelectual de nuestros ideólogos populistas

Por Walter Reynaga Vásquez…

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Franklin Pareja, comentarista político de filiación ideológica marxista, decía una vez más en Diálogo en Panamericana (18-05-19), que: el “socialismo del siglo XXI”, que se vive en Venezuela como en Bolivia, no es socialismo, sino, “capitalismo de estado”. Dando cuenta de una confusión conceptual ya habitual entre nuestros “cientistas sociales” de izquierda, o como ellos gustan llamarse, “progresistas”.

Al parecer estos pensadores confunden el capitalismo con la actividad industrial, con el afán de lucro y la aplicación de tecnología a la actividad productiva. Cuando, siguiendo las pautas del mismo Marx, el capitalismo, como cualquier otro “modo de producción”, no se define por las relaciones técnicas de la actividad productiva, en este caso las de la industria moderna. Sino, por las “relaciones sociales de producción” (los nexos entre los actores humanos de la economía), combinadas con determinado grado de desarrollo de “las fuerzas productivas” (tecnología). Combinación en la que lo definitivo está en “las relaciones sociales…”, como indica el hecho de que con similar nivel de tales fuerzas se ha dado tanto capitalismo como el socialismo.

“Relaciones sociales de producción” que en el caso del capitalismo se definen por la “propiedad privada de los medios de producción” y el mercado, como forma del intercambio y flujo de los bienes y servicios. Mientras que el socialismo tiene a los “medios de producción” en poder de la colectividad (en manos del estado) y el mercado es reemplazado por los planes de desarrollo económico diseñados por el gobierno. Lo que no es poca cosa, porque determina la asignación del poder de decisión en el sistema económico. En el caso del capitalismo, como poder desperdigado entre todos los agentes de la economía, y en el caso del socialismo, concentrado en el equipo gobernante. Condiciones que definen tanto la producción como la distribución de los bienes y servicios, sean de consumo o de producción. Y, hasta la forma de gobierno, que en el caso del socialismo, impone la dictadura como el atributo que le dará al gobierno la capacidad requerida para hacer cumplir sus planes pasando por encima de los disidentes y opositores.

Estamos hablando de las condiciones estructurales que definen la realidad de la vida dentro del capitalismo en un caso, y en el socialismo en el otro. De dos “modos de producción” contrapuestos y que en síntesis se diferencian por la independencia de la economía respecto del poder político, que es el caso del capitalismo, y el de sometimiento de la economía al poder político, que corresponde al socialismo.

En cuanto al afán de lucro, es fácil advertir que no es cosa exclusiva del capitalismo. Ya que no es distinto el afán de las élites gobernantes que las lleva a enriquecerse utilizando el poder y los recursos públicos. La realidad muestra que los políticos también se hacen millonarios, sólo que a diferencia de los empresarios lo hacen, no produciendo, sino tomando lo que otros han producido. Para ejemplo, uno es el origen de la fortuna de los Ford, Bill Gates o Jeff Bezos y otro el de la fortuna de la que disfruta la familia Chávez de Venezuela o los Kirshner de la Argentina, o los Evo Morales y García Linera. ¿No es cierto?

Por lo dicho, la expresión, “capitalismo de estado” es autocontradictoria. Porque si la economía la tenemos en manos del estado, no estamos en capitalismo, sino en socialismo. Y eso es lo que viene ocurriendo en Bolivia bajo el Gobierno del MAS, con el PGE implicando alrededor del 80% del PIB, cuando en los países capitalistas emblemáticos como Hong Kong, Singapur… esta relación no pasa del 20%. Lo que da cuenta del nivel en el que la economía depende del poder político.

Franklin Pareja padece de una confusión conceptual muy común. Lo que desmerece sus reconocidos esfuerzos en defensa de la democracia.

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