“De Lenin a Oxfam: La hipócrita y cómplice doble moral de la izquierda global”

¿Por qué ha resultado tan perverso el socialismo?

Una bella y santa ideología de postulados perfectos de justicia, dignidad y prosperidad para la humanidad convertida en una gran y amorosa familia. Un ideal que por su magnificencia disputa los atributos del mismo paraíso celestial prometido por la divinidad.

Pero, un ideal cuya realización en la práctica termina siendo poco menos que el infierno en la tierra con los ideales socialistas ultrajados en nombre de ellos mismos por los conductores y líderes en el gobierno.

 

¿Por qué tan malvada conducta en los líderes del socialismo?

Porque esta bella realidad humana no encuentra posibilidades de ser construida en la práctica. No bajo las condiciones fundamentales de la naturaleza humana y sus facetas sociales, económicas y políticas No bajo las limitaciones actuales del desarrollo científico tecnológico. No bajo las limitaciones actuales de la capacidad productiva humana.

Por lo que en los hechos, los líderes al mando, en su afán de cumplir con éxito las “tareas del socialismo”, se ven orillados a apelar a cualquier recurso bajo la lógica perversa de que “el fin justifica los medios”. Así desarrollan criterios y conductas retorcidas, alentados por el poderío político indisputado que tienen en sus manos como dictadores. Dominio sin oposición ni disidencia que llega al punto de hacerle suponer su cuasi divinidad y “derecho” a disponer de todos y de todo a su antojo, sin perjuicio de su propio enriquecimiento por vía de la corrupción y dilapidación de la producción del país. Ruta en la que se desarrollan esas monstruosas personalidades que coronan la tradición de la revolución socialista marxista o nazifascista, como los Stalin, Mussolini, Hitler, Mao, Pol Pot, Castro, Chávez, Maduro, Evo Morales…

 

Y ¿qué de los intelectuales que se dan a justificar y ocultar tan perversos hechos?

Comprensión intelectual no significa justificación. Ni podría serlo, no de la conducta de quienes hacen oficio y carrera de ocultar y disimular los crímenes de lesa humanidad del socialismo. Y menos aun cuando se trata de quienes han combinado los valores del socialismo con los de la fe cristiana.

Gente que hoy, a estas alturas de la historia y el desarrollo de la Internet y sus recursos de comunicación e información no puede ya alegar ignorancia…

…Una estafa, para quienes creímos en los valores del socialismo alguna vez.

 crímenes del socialismo

“Negar, ocultar y minimizar crímenes del socialismo revolucionario es común a todo el espectro de izquierda”

(Extractado de: PanamPost-Guillermo Rodriguez Gonzales))

 

<<Explica en Memoria del Comunismo Jimenez Losantos que la complicidad del socialismo moderado con el revolucionario se remonta a los crímenes de Lenin. Socialdemócratas franceses tenían corresponsales rusos. Iniciadas las matanzas bajo Lenin, los alertaron esperando apoyo de la prensa socialista de Europa. Fueron censurados por sus patrones de Europa occidental –temprana y detalladamente informados de los crímenes soviéticos– Cayeron, víctimas del terror bolchevique y la complicidad izquierdista occidental. Hipócrita complicidad temprana, repetida en cada oportunidad –mayor o menor– hasta hoy.

Durante las hambrunas de Stalin –genocidios de rusos y ucranianos– socialistas ilustres como Bernard Shaw, Sidney y Beatrice Webb, o Edouard Herriot, fueron invitados del poder soviético en giras por la famélica Ucrania en que millones morían de hambre por la colectivización forzosa. Mientras su grano era expoliado y exportado en 1932 y 1933. Todos y cada uno proclamaron que los informes de la hambruna eran falsos. Shaw afirmó “no he visto una persona desnutrida en toda Rusia.” El –también socialista– corresponsal del New York Times, Walter Duranty –premio Pulitzer por sus “informes” sobre la Rusia bolchevique– afirmó siempre que las denuncias sobre la hambruna eran falsas. Sabía que eran ciertas.

Negar, ocultar y minimizar crímenes del socialismo revolucionario es común a todo el espectro de izquierda. Intelectuales, periodistas, artistas y políticos izquierdistas fueron, y son tan entusiastas propagandistas del totalitarismo revolucionario presente como tímidos críticos de, alguno que otro, totalitarismo revolucionario pasado. Entre los propagandistas occidentales de los totalitarismos socialistas, la diferencia entre los que saben todo y mienten y los que se niegan a enterarse aunque lo vean, es que los segundos son más despreciables. Sobraron propagandistas occidentales a Lenin, Stalin, Mao, y hasta a Pol Pot. Como a Castro, e incluso a Chávez y Maduro. Esos –que los revolucionarios violentos denominan despectivamente “tontos útiles” –a quienes nunca dejaron de perseguir y exterminar desde el poder–, cobardemente comparten la “moral revolucionara” de los criminales que defendían –y defienden– con pasión.

[…]

Atribuirse a sí mismos el bien absoluto y a quién se oponga a ellos, el mal y la condenación, suena a discurso religioso. Y lo es. El socialismo es una difusa religiosidad sustitutiva. El marxismo una específica religión totalitaria no deísta, destilada de la larga tradición de las herejías comunistas cristianas. Creerse –como dogma incontestable de su fe– agente del bien absoluto y transcendente permite a los revolucionarios cometer los mayores y peores crímenes, atribuyendo a sus víctimas –y a quienes los resisten y denuncian– maldad absoluta. Esa falsa moral que comparte cobardemente la izquierda moderada explica su complicidad con todo crimen revolucionario. Son, a sus propios ojos, revolucionarios de segunda fila. No se limitan a negar o  justificar en nombre de la supuesta bondad absoluta del socialismo todos los crímenes revolucionarios. También sus propias e hipócritas miserias.

Lavrentiy Beria –esbirro en jefe de la policía política y los Gulag de Stalin– fue un pederasta y violador en serie impune de miles mujeres y niñas rusas. Comandantes de la revolucionaria FARC se reservaban el ser los primeros en violar niñas recién reclutadas. Los de Oxfam fueron sorprendidos con “los pantalones abajo”, pero apenas prostituyendo adolescentes en orgias con recursos de ayuda humanitaria tras un terremoto en Haití. Revolucionarios de segunda fila, por su discurso de falsedadessocialistas, se creían a salvo de ser expuestos. Como generalmente están.

El escándalo Oxfam fue un raro accidente. Aunque eso y más sean vicios muy frecuentes en esos círculos, lo poco frecuente es que sean expuestos. La complicidad y la hipocresía izquierdista encubren de grandes crímenes a pequeñas miserias. Quienes presumen de combatir al 1% más rico, viven como ese 1% más rico. Quienes dicen combatir hoy el calentamiento y mañana  enfriamiento –les sugiero llamarlo calenfriamiento– global por idénticas causas antropogénicas. Viajan a conferencias contra gases de invernadero en jets privados. En México –donde hoy encabeza las encuestas el ultraizquierdista López Obrador, que critica como nepotismo en enemigos lo que en su partido y familia practica con cargo a los impuestos que pagan los mexicanos– Conocí, pocos años atrás, al historiador británico Niall Ferguson. Él acertadamente indica que la hipocresía de las élites de la izquierda occidental se debe combatir exponiéndoles –sin descanso– como lo que realmente son. Hipócritas, mentirosos y cómplices.