De la degeneración del estado o el clímax de Leviatán. Ni el contrabando ni el narco podrían prosperar, como prosperan, sin apoyo del estado

Por Walter Reynaga Vásquez…

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El estado boliviano carga la funesta herencia de la colonia y sus antecedentes feudales europeos y americanos. Un régimen colonial que en casi cuatro siglos de trajín cristaliza en perversas tradiciones y cultura política, bajo la idea central de que el poder está hecho y puesto para beneficio de la autoridad. Una condición que el país comparte con los otros países de Latinoamérica de la misma tradición histórica. Tal como se está poniendo en evidencia ahora mismo con Venezuela, Argentina, México…

En Bolivia, la política ha devenido en mejor oficio o profesión, en virtud de las geniales oportunidades de hacer fortuna y fama que promete. De lejos mucho mejores que dedicándose a afanes como los de hacer empresa o darse a alguna actividad productiva –cosas de insensibles y reaccionarios burgueses–. Lo que explica la masiva concurrencia de la gente a esta ruta del éxito. Y que la actividad atraiga a lo mejor de la gente bien así como de la no tan bien. Talentosas personas que hacen carrera en un escenario que va perfeccionando la tradición depredadora del poder colonialista al asociarse a la ideología populista,  –la que dice fundarse en las ideas de Karl Marx–. La línea de pensamiento revolucionario que promete socialismo y dicha a la humanidad con sólo poner la economía en manos del estado, y entregar a los políticos toda nuestra confianza y voluntad, elevados ya estos a la dignidad de semidioses, paradigmas de talento y bondad.

Es de esta combinación que ha salido la tan retorcida realidad que vivimos en el país, conducido por las narices por sus líderes. No otra cosa que la realidad de la política boliviana y el habitual manejo del estado.

Es ahí que encuentran un verdadero caldo de cultivo todo género de conductas delictivas, prosperando asociadas a los capos de una burocracia incapaz de controlar su avidez. Gente cuyos intereses por hacer fortuna a costa del estado pasan sin más por encima de cualquier manifestación ideológica, incluidas las religiosas. Dando lugar a hechos como los que denuncia esta pobre mujer que evita revelar su nombre por temor a los criminales y al Estado Boliviano:

El vía crucis de la mujer (de quien reservamos su identidad) comenzó en 2014. Ella denunció un gran esquema de contrabando de llantas, con la esperanza de que recibiría el 20% que la Aduana ofreció a quienes ayuden a dar datos mercadería ilegal. Las autoridades, entonces, realizaron un megaoperativo en cuatro departamentos, Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y La Paz, y logró incautar productos por un valor de unos 20 millones de dólares. (“Desgarrador relato: Denunció contrabando y su vida se despedazó, perdióa su familia y vive amenazada“, 16-08-19) .)

Fue que la dama, seguramente queriendo mejorar la situación económica de su familia, y dando credibilidad a las palabras oficiales del gobierno socialista –¡qué cosa mejor y confiable que un gobierno socialista, ¿no es cierto?–, se dio a denunciar a las autoridades de Aduana un hecho de contrabando.

Pero la ingenua, no contó con la astucia y doblez de las autoridades a las que elevó su denuncia. y ahí fue que lo que debía mantenerse como secreto, su identidad personal –eso prometía la propaganda de la Aduana incitando a la gente a denunciar a los contrabandistas- fue comunicada a los contrabandistas involucrados.

¿Por qué hicieron esto los encargados de protegerla? Bueno, creemos que no sería por espontáneo y malnatural descuido o estupidez… Aquí tendría que haber entrado en juego algo más. Algo como tratos y contratos y sociedades entre criminales y burócratas. ¿Cómo explicarlo de otro modo?

La mujer aún no recibió nada y, para peor, se reveló su identidad y culpa a la Aduana. Dijo que esa institución era la única que sabía de su nombre porque tenía el formulario, que debía ser reservado, donde puso sus datos, incluso su teléfono. (Idem.)

Y lo confirma el hecho de que le han birlado, a la denunciante, el jugoso premio o recompensa prometida por el gobierno en sus planes dizque de lucha contra el contrabando:

La mujer pide que la Aduana le pague esa recompensa que ofreció a quienes denunciaron el contrabando. Con ese dinero, buscará recuperar a sus hijos e irse lejos, para tenerlos con ella. (Idem.)

Estamos pues ante un indicador objetivo de cómo actúa el estado boliviano. Y de cuán poco confiables son las autoridades –con razón hasta el Presidente Evo Morales se da el lujo de desconocer un Referéndum Popular, ¿no?–. Con razón en Bolivia, que las gentes se persignan cuando pasan por las puertas de los palacios de justicia, para jamás tener que entrar en ellos (dicho por una alta autoridad del gobierno masista). Con razón en las áreas rurales y los barrios marginales de las ciudades las personas de bien se alarman cuando ven asomarse a la policía. Los bolivianos estamos a merced de la bestia. A merced de la maldad natural exacerbada de Leviatán en tiempo de socialismo.

Ella pide protección. Confesó que le dolió que la presidenta de Aduana, Marlene Ardaya, haya dicho que no conoce su caso, cuando tiene documentos firmados por ella respecto a su situación. (Idem.)

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