Cuando el poder político se enseñorea sobre la economía y se concentra el poder y la “verdad” en el caudillo, cuando tenemos socialismo…

Las personas tenderán a tomar decisiones racionales con los objetivos que definen sus necesidades e intereses. Lo hacen porque la experiencia ha enseñado que de no tomar las decisiones adecuadas sufrirán las consecuencias por no alcanzar los objetivos que sus necesidades e intereses dictan.

Sucede con todos los seres humanos en condiciones normales, pero no con aquellos que concentran el poder político al punto de hacerse inmunes a las consecuencias de sus decisiones y actos.

Los Lenin, Stalin, Mao… –como ahora los Kim Jong-un, Castro y Maduro, y en alguna medida sus seguidores menores, como Evo Morales—fueron capaces de llegar a este extremo de concentración del poder. Se pusieron, y los pusieron, por encima de todos y de todo, de la ley y la moral como de la voluntad popular y de sus acompañantes. Extremos que en democracia no podrían darse.

Fue así, que sintiéndose ya semidioses, labradores de la Revolución Socialista redentora de la pobre humanidad supusieron que su voluntad podía imponerse incluso por encima de la realidad y la comprensión correcta de ella. Su despotismo llegó al punto de dictar la verdad y la corrección según su libre voluntad.

Y de este modo fue que llegaron al absurdo y al ridículo. Un absurdo grotesco plasmado en políticas económicas públicas que llevaron a los pueblos bajo su dominio a frustraciones y fracasos, que tuvieron que pagar las masas con miseria, humillación, hambre y muerte con decenas de millones de víctimas.

Efectos de una de los mayores deficiencias del orden socialista: el diluir la responsabilidad de las personas sobre las consecuencias de sus actos, y en grado absoluto tratándose  de sus máximos líderes, ya libres de cualquier responsabilidad.

Inversiones desorbitadas, empresas inútiles, planes absurdos en procura de la “igualdad” y el “desarrollo”, palacios sobredimensionados, obras civiles innecesarias, armamentismo, guerra, lujo, derroche, culto a la personalidad, cinismo, corrupción… secuelas del problema que enfocamos y que estamos viendo también aquí, en Bolivia bajo mando del socialista Evo Morales.

 

Mao

“Una trágica historia de Mao, gorriones, acero y hambruna en China”

(Extractado de: PanamPost)

<<En frágil marco de la escasa y decreciente productividad del socialismo, entre los caprichos de Mao como causales de hambrunas –en campañas primero aplaudidos y luego censuradas por propaganda e historia oficial– se destacan, los gorriones y el acero.

La criminal insensatez de los caudillos marxistas es resultado inevitable de su ideología. Lenin resumió viejas prácticas de revolucionarios profesionales comunistas –del siglo XV al XIX– en una teoría marxista de glorificación del crimen para alcanzar el poder y exterminio de “clases enemigas” para mantenerlo. De los intelectuales arrogantes que creen poder crear al hombre nuevo en la sociedad nueva –sustituyendo la evolución por su diseño– Lenin fue el primero tan megalómano y cruel como para materializar el infierno prometiendo el paraíso de la religión marxista.

Impusieron el totalitarismo soviético miles de revolucionarios profesionales –fanáticos sin conciencia– bajo el mando de los más inhumanos de entre ellos. En las sangrientas pugnas por encabezar el poder soviético únicamente los más brutales y taimados surgieron. Tan dignos de la perversión intelectual de Marx, como de la crueldad de Lenin. Stalin y Mao crearon las dos potencias socialistas reales. La URSS, ya colapsada. Y la R.P.China, dictadura al borde de negar la religión marxista para conservar el poder, creando un capitalismo tutelado para evitar el destino soviético.

Mao fue el máximo genocida de la historia del comunismo. Aunque Pol Pot exterminó más de la población bajo su mando que cualquier otro, Mao lo supero en el total. No podía ser de otra forma. Mao impuso el totalitarismo a la nación más poblada del planeta. Las hambrunas de Stalin sirvieron para sojuzgar resistencias nacionales y campesinas. Exterminio de kulak´s y colectivización agraria forzosa ocasionaron una crónica caída de productividad agraria. Pero la hambruna –así facilitada– se impuso exclusivamente a poblaciones que resistían al poder soviético. Las de Mao arrasan sojuzgados y obedientes súbditos.

[…]

Pero en ese marco de irracional movilización masiva que condenaba a morir de hambre a millones, se destacó en arrogante ignorancia la campaña de la cuatro plagas. Se ordenó a la población exterminar a cuatro especies: ratones, moscas, mosquitos y gorriones.

Los métodos recomendados de Mao no eran muy efectivos contra moscas y mosquitos – ciertamente trasmisores de enfermedades a población y ganado– Y los ratones que ya se perseguían antes del que Mao los declarase plaga. Pero la que supuesta plaga en que se concentró caprichosamente el emperador rojo: los gorriones, no son una peste, sino un pesticida natural para la agricultura.

Mao afirmó que la peor plaga eran los gorriones. Decidió que cada gorrión comía cuatro kilogramos y medio de grano anual. Y concluyó que por cada millón de gorriones muertos se ahorraría alimento para 10 mil personas. Los gorriones no comen tanto el grano que afirmaba Mao, como langostas y saltamontes. Plagas a las que Mao ignoró. Y que libres de su enemigo natural, el gorrión, se multiplicaron arrasando las escasas cosechas –tras las locuras del Gran Salto– empeorando una hambruna que acabó con la vida de 30 o 40 millones de chinos.>>