Corrupción, el método por el que gobernantes explotan a los países como si fueran sus negocios particulares

Por Walter Reynaga Vásqeuz…//

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La ONU parece estar tomando conciencia de que la corrupción en el gobierno no es sólo un problema moral, sino que constituye uno de los mayores problemas de los países donde en el poder se han instalado élites políticas que asumen el mando como si fuera algo puesto para su enriquecimiento personal. Lo que tiene efectos fatales para los pueblos a los que arrastran a la miseria en un ambiente de represión y desprecio de sus más elementales derechos. Provocando así la huida de millones de personas en procura de refugio y supervivencia, tal como está ocurriendo con la población venezolana. Sin descontar el riesgo evidente de enfrentamiento armado, terrorismo de estado, guerra civil y hasta intervención militar extranjera. Perfilándose escenarios de genocidio y crisis humanitaria como en algunos países desgraciados del Medio Oriente:

<< “Gobiernos que habían parecido estables durante décadas cayeron en semanas. En Yemen, en Siria y el Libia las protestas rápidamente se convirtieron en conflictos cuando los líderes corruptos y sus compinches intentaron mantener el poder”, señaló Haley.

[…]

“En países como el Congo, Nicaragua y Venezuela, donde la corrupción ha alimentado el conflicto o ha impedido su solución, el Departamento del Tesoro de EEUU ha impuesto sanciones significativas”, recordó.

[…]

Guterres defendió que la propia ONU puede apoyar a los Estados miembros en su lucha contra este problema y puso como ejemplo el papel de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig).>> (Infobae: “EEUU acusó ante la ONU a Diosdado Cabello de ser un ‘ladrón’ y un ‘narcotraficante”, 10-10-18)

Consideraciones que coinciden con los informes que sobre la corrupción hace Transparencia Internacional. Dando cuenta de un escenario, el latinoamericano, donde la corrupción ha sentado su presencia perniciosa tradicionalmente. Ambiente  donde el “socialismo del siglo XXI” ha hecho prosperar la corrupción como prospera una cepa bacterial en su caldo de cultivo. Lo que ha llevado el problema a niveles extremos como es el caso de Venezuela, Nicaragua, Argentina, Ecuador y Bolivia:

<< A partir del año 2012, desde cuando son comparables los datos del índice, Bolivia ha ido reduciendo su puntaje, lo que significa el incremento de la percepción de corrupción.>> (Los Tiempos: “Bolivia ocupa el puesto 112 en el índice mundial de percepción de la corrupción”, 2018)

En estos países, la corrupción, a más de un problema de conducta impropia en las esferas del poder, ha llegado a ser una condición estructural por la que el estado es víctima de un sistema de saqueo instalado por quienes están en funciones de gobierno, a su beneficio. De este modo las élites políticas vienen enriqueciéndose a costa de la pobreza sostenida de la población. Y en peores condiciones, cuando los gobiernos asumen tratos estratégicos con el crimen organizado (narcotráfico), como es el caso de gobernantes del “socialismo del siglo XXI”.

Si esto es así, la corrupción no puede ser tratada sólo como un asunto colateral, con planes y mecanismos administrativos puestos en manos del mismo gobierno. Pues la experiencia muestra que en estos casos los encargados de luchar contra la corrupción terminan involucrándose en la misma como uno de sus actores y beneficiarios. Tal como viene ocurriendo en Bolivia, donde luego de ensayar todo tipo de mecanismos de control de la corrupción al cabo de un par de décadas se puede advertir su total fracaso.

Lo que hace necesario un cambio de estrategia. Tal, que antes de encarar la cuestión como un mero problema técnico administrativo, asuma el problema como un asunto de estructura política perversa. De distribución del poder entre élites y masas a favor de aquellas. Por la que las élites gozan de un gran margen de maniobra y poder que ejercen sobre una ciudadanía ingenua que se ve incapacitada para siquiera controlar a sus propios representantes. Es esta asimetría de poder y potestad de acción la que se tiene que superar. Por lo que la solución del problema tiene que pasar por un necesario empoderamiento ciudadano, tal que pueda hacer valer su condición de soberano, usurpado por las élites en el poder. Hablamos de leyes y mecanismos prácticos que le permitan al pueblo ejercer control sobre sus gobernantes. Sólo así, el Estado dejará de ser explotado como negocio privado por sus circunstanciales autoridades.

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