Con los médicos como con los trasportistas el lío viene de la política reemplazando al mercado. Del estado a cargo de los servicios de salud y los gremios fijando tarifas y precios

Estamos en medio de un brutal conflicto entre médicos y gobierno, cuyas víctimas son miles de indefensos pacientes.

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Con el gobierno socialista empecinado en doblegar a los profesionales médicos, someter sus arranques de rebeldía, castigar a sus dirigentes y domesticarlos para luego utilizarlos al estilo cubano: como mano de obra esclava que se vende en el exterior para generarle ingresos al estado. Y, lo médicos, empecinados en no ceder a las pretensiones totalitarias del gobierno de Evo Morales.

Un escenario de conflicto y problema, que ocurre cuando la economía está a cargo del estado dejando de lado al mercado. Cuando los términos del intercambio se decide políticamente, por negociación con las autoridades del estado o dentro de los organismos gremiales como el Colegio de Médicos.

No pasaría esto si el intercambio estuviera a cargo del mercado. Esto es, a cargo de cada uno de los que van a comprar o vender, decidiendo de manera directa los precios y condiciones por voluntad propia, y a satisfacción de ambos.

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Pero, ocurre en Bolivia que todavía tenemos la economía en una suerte de combinación de afanes socialistas y formas feudales. Lo que explica la cotidiana persistencia de nuestros conflictos sociales y políticos, que parecen no terminar nunca episodio tras episodio con los médicos, los trasportistas, los panaderos, abogados, gremiales, universitarios, etc.

Con todo y a pesar de los afanes socialistas del gobierno, en Bolivia se está desarrollando un escenario creciente de mercado surgido espontáneamente, como es el caso del comercio en la ciudad andina de El Alto. Un ambiente como la feria semanal de la zona 16 de Julio, donde en cada jornada se encuentran decenas de miles de vendedores y compradores protagonizando centenares de miles de operaciones de intercambio de bienes y servicios desde los que involucran centavos hasta miles de dólares. Una realidad ya de décadas de la que no se conoce conflicto alguno, enfrentamiento, marcha o huelga o protesta… contra nadie.

Esa es la virtud de las relaciones económicas directas entre las personas participando voluntariamente, a diferencia de los nexos mediados por la autoridad o los representantes políticos (como son los dirigentes de los gremios).

Esto mismo da cuenta del por qué los noticieros diarios están llenos de temática política como vacíos de contenido referido al mercado. Y es que la calidad noticiosa de un hecho le viene de implicar riesgo, en buena medida. Y los conflictos sociales y políticos ciertamente implican riesgo y entonces, alerta para todos.

La economía en manos del estado o intervenida por el estado o el poder político gremial es naturalmente conflictivo. Una situación que exige regulación y fuerza pública destinadas a aplacar las pretensiones de unos y otros y disciplinar sus afanes dentro de ciertos límites.  Lo que en los regímenes socialistas se traducen en sus conocidos y gigantescos aparatos de represión destinados a ahogar el conflicto, posibilitando el funcionamiento de la economía.

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