Cómo no elaborar un programa de gobierno…

Por Walter Reynaga Vásquez…

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Cuando los periodistas preguntan a los candidatos, incluidos los masistas, por su programa de gobierno, estos eluden el asunto o responden que están haciendo su programa con la participación del pueblo, en consulta con sus bases, movimientos sociales y simpatizantes… Dando así evidencia de su poca responsabilidad a la hora de confeccionar este vital instrumento de gobierno.

Porque si algo no vale en el afán de elaborar una propuesta de gobierno es esta manera de hacer las cosas. Como no vale que un médico consulte al paciente y sus amigos cómo debe ser el diagnóstico y el tratamiento del enfermo.

Está claro. Y sin embargo, cientistas sociales e intelectuales como ideólogos de los partidos se dan sin más a hacer consultas con sus adherentes y la población sobre lo que estos necesitan, cuáles son su problemas y lo que se debe hacer al respecto en el afán de construir un programa. Lo hacen de buena fe, pero sobre una equivocación epistemológica definitiva.

Pues confunden realidad con veracidad. Lo que la población consultada responde es parte de la realidad, de la mentalidad popular, su afanes y temas, de la visión y comprensión que tienen de su mundo… Exponiendo realidad, ciertamente. Lo que no significa que sus respuestas constituyan necesariamente conocimiento efectivo de la realidad que viven, y menos de sus causas o factores. Como el enfermo que cuenta sus dolencias y sufrimiento no tiene porque saber los factores de sus males. Los mismos que saldrán a luz sólo luego de una investigación científica hecha por el médico aplicando análisis de laboratorio, radiografías, mediciones varias, sondeos, etc.

Lo mismo debería hacer el científico social a la hora de elaborar un programa de gobierno. Investigar a partir de los indicadores que dejan las consultas a la población (problemas, afanes, temas, intereses…) el cuadro de factores que generan y sostienen los problemas detectados, entre ellos los factores fundamentales. Para sobre este diagnóstico causal diseñar la respuesta programática luego de sopesar posibilidades, recursos, condiciones, etc.

Pero esto es lo que habitualmente no hacen nuestros partidos políticos. Por lo que sus programas de gobierno se reducen a listas de lo que la gente quiere y lo que ellos interpretan que se necesita: “500 mil empleos”, Industrialización del país, mejor salud, mejor educación, lucha contra la corrupción, lucha contra el narco, por la igualdad social, institucionalizar la policía y la justicia, etc. Cosas a las que suelen agregar otras maravillas en la idea de ganar simpatías y votos. Promesas que luego de subir al poder pasan por alto al no saber cómo lograrlos. Dando vuelo a la tradicional imagen de irresponsabilidad y demagogia del mundo político.

Y es que el pueblo no tiene por qué saber el origen real de sus problemas, limitaciones y carencias.  Menos aún de lo que corresponde hacer frente a éllos. Una cosa es vivir el problema y otra el saber de sus causas. Por lo que cuando se hacen seminarios, consultas, sondeos de opinión, grupos focales… –como los de Diálogo Nacional del segundo gobierno de Hugo Banzer–. Lo que se escuchan son las ocurrencias de la gente que a estos eventos asiste. Ocurrencias que el “moderador” “sistematiza” interpretando lo que puede o lo que quiere, muchas veces suplantando ideas y enfoques. De donde sale cualquier cosa. Lo mismo que de las “cumbres” que estila reunir el gobierno del MAS, para meter de contrabando sus afanes.

Esto explica la ausencia de programas serios, en una izquierda que como mejores logros puede mostrar la “Tesis e Pulacayo” o el “Programa de Octubre” de algunos líderes alteños, y las consignas del MAS alineadas al “socialismo del siglo XXI”. Y la derecha poco menos que nada, salvo las recomendaciones del “Consenso de Washington”. En todos los casos planteamientos ilusorios desfasados de la realidad y peligrosos, cuando no simplemente demagógicos.

Es en este escenario que habrá de destacarse nuestro Programa Social Libertario en la medida en que entre al escenario de las luchas ideológicas.