Cae la calidad de la educación en Cuba. Es que en ausencia de competencia el desarrollo de las fuerzas productivas humanas carece de incentivo

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La ausencia de competencia entre quienes producen y prestan los servicios de educación (profesores y centros educativos) tendrá por efecto natural el descuido de la calidad del producto que se ofrece. Una situación propia del monopolio. En este caso, bajo estricto socialismo, del monopolio estatal. Tal como refiere Cubanet:

<<Cuba se halla en un momento tan crítico en la formación de profesionales, que se debería estar pensando en una estrategia orientada a garantizar, a corto y mediano plazo, recursos humanos altamente calificados. La crisis económica y la emigración han tenido un impacto nocivo en el sector técnico y profesional del país; la población actual está envejecida y las nuevas generaciones no conceden importancia al aprendizaje o la superación.>> (Cubanet: “Profesionales ignorantes, el futuro de Cuba”).

La ideología socialista al ir contra el mercado induce a sus seguidores a repudiar la competencia como forma de relacionamiento humano. Lo hace, al suponer la competencia como algo negativo y enemigo de la solidaridad, el valor socialista por excelencia.

Pero también en esto se equivoca al no considerar que la competencia de mercado en los hechos deriva en beneficio de la colectividad, traduciendo el egoísmo en beneficio de la colectividad. Tal como explicaba didácticamente Adam Smith, que en el escenario de la competencia de mercado, “No es la benevolencia del carnicero o del panadero la que los lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses

Hablamos de la competencia, esencia de la evolución de la vida en el planeta, del motor del proceso del que emerge el ser humano. No otra cosa que el factor natural que impulsa la evolución de la cultura y sus diversas manifestaciones. Aquel, que empuja al desarrollo a las fuerzas productivas, la competencia propia del mercado. Virtud reconocida incluso por Karl Marx (“Manifiesto del Partido Comunista”).

Lo que permite comprender el hecho de que bajo el socialismo, empeñado en anular la competencia, las fuerzas productivas tiendan a estancarse sino a degradarse, incluidos sus recursos humanos. Que en ausencia de competencia se ven presas de la desidia y la indolencia. No podría ser de otra manera, a despecho de las arengas y presiones ideológicas de sus líderes por inducir a las gentes a la productividad (y a la solidaridad). No en ausencia o mengua del factor que define la evolución de la vida y el espíritu.

Y tal como se ha visto y se está viendo en Venezuela y Cuba como en Bolivia la degradación del sistema económico social alcanza incluso a la educación. Siendo así, no se ve casual que sus gobiernos huyan de someter a sus estudiantes al programa de evaluación educativa PISA de la Unesco-OCDE.

El gobierno cubano gusta de hacer alarde se sus logros educativos, pero, incomprensiblemente, evita el programa de evaluación PISA. Y, si a la experiencia de nuestra población, y la de los médicos del país, apelamos no será extraño recoger opiniones que hablan de la pobre calidad profesional del personal cubano.

 

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El afán igualitarista de “derechos”

<<Impartir la enseñanza de forma gratuita no significa regalarla. Todas las personas tienen derecho a aprender a leer y escribir; pero el preuniversitario y la Universidad hay que ganarlos con conocimientos. No es de extrañar que los profesionales cubanos hayan perdido credibilidad en los últimos años; las circunstancias sugieren que cualquiera puede ir a la Universidad y presumir luego del diploma colgado en la pared.>> (Idem)

Los problemas del socialismo están en buena medida anclados en la irracionalidad que supone el afán de anular la competencia, la del mercado. Generando un escenario social donde el natural sentido de prosperidad y riqueza de las gentes no tiene otra posibilidad de realizarse sino es por medio de la corrupción. Lo sabemos también aquí, en Bolivia, tras casi siete décadas de estar persiguiendo el socialismo, con el estado como el actor central de la economía y un mercado incipiente sometido a la manipulación política. Lo que explica la situación del país como el más pobre y atrasado de Sudamérica.