A estas alturas del tiempo está ya claro que lo que viene sucediendo en Bolivia se inicia en Cuba

Por Walter Reynaga Vásquez/…

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La fase histórica de Bolivia que culmina con el gobierno de Evo Morales, más allá de las circunstancias y personajes, se explica por la por la ofensiva del proyecto de dominio regional llamado “socialismo del siglo XXI”, empeñado en darle una nueva primavera al marxismo en el mundo.

Un gigante proyecto concebido por la oligarquía comandada por la familia Castro dueña de Cuba, destinada a obtener nuevas fuentes de subvención económica, para la insostenible economía de la isla, perdida ya la de la URSS luego de su debacle en 1992. Afán que logra sus primeros frutos con Venezuela obligada a obsequiar a Cuba más de 100 mil barriles de petróleo por día… A más de que su gobierno, en manos del títere Hugo Chávez, pone al servicio de la expansión del, “socialismo del siglo XXI” en la región los dineros del petróleo venezolano.

Es que desde hace 16 años, los bolivianos venimos bailando al son que tocan los cubanos dueños del proyecto socialista y sus operadores concesionarios. Se dice que los neoliberales, que Sánchez de Losada, que Mesa o Veltzé… no hicieron o no pudieron lo que debían… Nada, nada de esto tiene relevancia. La estrategia del “socialismo del siglo XXI” los puso donde los quiso y les obligo a hacer lo que el proceso requería en procura de encumbrar en el poder a la alianza narco cocalera socialista. No se pierda de vista que Chávez había puesto sus ojos inicialmente en MOBIBOL, partido formado con sus auspicios por la periodista Cristina Corrales, para luego optar por un caudillo más ducho, matrero y eficaz, Evo Morales, capaz de bloquear al país entero y manipular a sus élites políticas, sin perder su aureola de santo indígena.

Tenían con qué hacerlo. Abundante financiamiento tomado de Venezuela, la tecnología política desarrollada por los Castro sobre la base de los adelantos de Stalin y Hitler, la avidez de un caudillaje popular dispuesto a jugarse y un escenario ideal trasminado de ideología izquierdista, pachamamista y de culto a la hoja de coca. Un verdadero caldo de cultivo sembrado en el país en trabajo de varias décadas por el movimiento socialista internacional.

Los masistas tenían pues la receta completa del cóctel y la habilidad requerida para aplicarla, a un país inocente que no atinaba ni a sorprenderse.

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Pero las cosas han cambiado, hoy ya no pueden engañar ni manipular como lo hicieron en su “época heroica”. La ofensiva socialista ha entrado ya en su crisis final ante la espontánea contraofensiva ciudadana en defensa del país, su democracia y derechos. La suerte está echada, llegó el final de la última aventura socialista. Y con ello, el inicio de la tarea de la reconstrucción democrática y la construcción de un país capaz de encarar sus problemas y resolverlos por inteligencia y mano propias.

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