EL FINAL DEL SOCIALISMO SOÑADO

Por Walter Reynaga Vásquez (1)

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“Me han invitado a un entierro de un muerto que no es el nuestro” (Galeano). Una vez más el socialismo se hunde en la práctica, y una vez sus ideólogos se rajan por salvar la ideología

Eduardo Galeano: “Me han invitado a un entierro de un muerto que no es el nuestro”. Ante el desastre del socialismo encabezado por la URSS y expuestas sus miserias a la mirada pública.

Un afán desesperado y absurdo por salvar la ideología socialista, que por lógica debería caer junto con la práctica socialista en debacle. Porque, si algo explica el desastre de este régimen es la teoría que guio su práctica.

Y hoy la izquierda vuelve al truco de Galeano: “…este cadáver no es…” ante el fracaso del socialismo del siglo XXI. Así, el economista Velasco Reckling se lanza a fondo en el mismo afán, salvar la ideología socialista de su desastrosa práctica: “no se trata de un fracaso del socialismo; es, en esencia, el fracaso de una ‘izquierda de balcón’ que se limitó a capturar el poder político y a buscar el control de la institucionalidad para mantenerlo.” (*)

¿Pueden ser las cualidades de un edificio independientes de sus planos y diseño?

La actitud de Velasco Reckling es penosa porque recurre a argucias ingenuas como contradictorias. Habla del “éxito socialista’, con la China como ejemplo”, dando evidencia de su escasa comprensión conceptual. Al parecer, no puede advertir que la China debe su éxito precisamente a haber desechado la economía socialista reemplazándola por la economía de mercado, propia del capitalismo. Cosa que el mismo luego reconoce: “Bajo Deng Xiaoping, […] autor de “no importa el color del gato con tal de que cace ratones”, China se desafió a volverse rica y poderosa, para lo que permitió el uso del capitalismo…”

El éxito de la China es el éxito del capitalismo. De la economía socialista queda no más que un 15% del conjunto, y en retroceso. El liderazgo chino, sacando enseñanzas de la práctica continúa el proceso de privatización y desarrollo del mercado como forma mejor de organización de la actividad productiva. Recientemente, ante las posturas proteccionistas de Trump, Xi Jinping, jefe de gobierno chino, reafirmaba la vocación de la China por el libre comercio en el mundo.

Si a partir de Deng Xiao Ping el liderazgo chino se reafirma en una conducta responsable y racional con el desarrollo de su país es porque éste cambia las condiciones estructurales de la economía (1978). Son estas nuevas condiciones que le permiten superar la concentración del poder y el culto de la personalidad, derivadas del afán planificador de la economía socialista.

Velasco Reckling no puede ver esto y atribuye el éxito de la China como el fracaso de Venezuela socialista a diferencias anecdóticas entre los líderes de estos países. Diferencias que son nada ante la regularidad sin excepciones del fracaso de la economía socialista en todos los países del planeta donde se la ha puesto en práctica.

Reckling sin embargo reconoce que el fracaso del socialismo del siglo XXI no es obra del “imperio” ni de la “derecha”. Y, recomienda la intervención  intelectual para salvar el “ideal socialista: democrática, solidaria, creativa, abierta, productiva…” Una deuda intelectual que viene desde los tiempos  de Marx. Es que la teoría marxista no avanzó un ápice desde donde la dejó su creador.

Finalmente, lo que fracasó en Venezuela se llama propiamente: socialismo. El que pone la economía bajo mando del poder político.

(*) Jorge Velasco Reckling: “El triste final del socialismo XXI”, Página Siete, 20-08-17.